La geografía de la política nacional ha comenzado a alterarse sensiblemente después del estatismo (o los movimientos en el mismo lugar) que la centralidad y el predominio mileísta impusieron a los demás actores del sistema tras las elecciones legislativas de octubre pasado.
Los opositores cerriles, las fuerzas y dirigentes colaborativos, algunos aliados clave y hasta miembros del mileísmo han creído estar ante una ventana de oportunidad para salir de la quietud o se han visto compelidos a activarse para diferenciarse o marcar posiciones propias. Dos razones encontraron todos ellos como motores de un cambio de actitud, que hasta hace apenas algunos meses parecía inviable o impensable.
Por un lado, influyó la sucesión de escándalos sin solución de continuidad protagonizados durante 90 días por Manuel Adorni y potenciados por el blindaje que le ha brindado el Presidente.
Por otro lado, operó la recobrada euforia gubernamental , siempre magnificada por Javier Milei , ante buenos indicadores macroeconómicos o señales positivas provenientes de centros internacionales de toma de decisiones económicas, que choca abruptamente con complicadas realidades personales y sectoriales que padecen muchos argentinos , desde desocupados, asalariados formales e informales y cuentapropistas hasta empresarios de distintos rubros.
La mejora del 6% que experimentó este mes el Índice de Confianza del Consumidor , de la Universidad Torcuato Di Tella, difundido este jueves, solo reforzó posicionamientos, creencias y prejuicios: la eufórica reacción presidencial y la percepción de los críticos de que la realidad tiene más matices que el Gobierno niega.
El peronismo en sus diferentes versiones (kirchneristas, kicillofistas y no kirchneristas), el macrismo residual, el radicalismo y el libercambiemismo (encarnado en Patricia Bullrich , pero no reducido a ella) empezaron en este contexto a desperezarse , a hablarle a audiencias que hasta hace nada creían inexistentes y a establecer diálogos superestructurales para sondear posibles acuerdos y coincidencias. La dinámica excede a la dirigencia política e incluye a actores empresariales y sociales , quienes también entienden que hay un cambio de condiciones en el universo político, que nadie está capitalizando.
Las apariciones en medios y las visitas al interior que empezaron a hacer desde Mauricio Macri (ahora y de nuevo en pausa por el Mundial de Fútbol) hasta Máximo Kirchner y Axel Kicillof , pasando por la instalación en espacios no habituales de la diputa trotskista Myriam Bregman , se inscriben en esa lógica. Similar, aunque menos explícita, a la que reactiva el independentismo de Bullrich, a la que cortejan algunos miembros del establishment ahora desencantados , enojados o críticos de Milei, ya no solo por sus formas, que nunca digirieron, pero toleraban.
El punto en común de ese movimiento que se activó en diversos espacios políticos radica en un claro intento de diferenciación ante la hipoacusia aguda que muestra el Gobierno frente a las voces críticas , de malestar o de rechazo que surgen de la sociedad. Muy evidentemente, respecto de los gastos suntuarios y aumento patrimonial del jefe de Gabinete y sus fallidos intentos por aclararlos, que solo terminaron oscureciendo todo mucho más. Aunque no solo por eso.
También, parece calar cada vez más profundo en algunos sectores sociales y sectoriales la prolongación de penurias o esfuerzos sin perspectivas de mejoras a la vista . O, peor aún, con la semicerteza creciente de que la bonanza prometida podría no tocar a su puerta, al menos, en mucho más tiempo del que está dispuesto o en condiciones de soportar.
La sensación de gran parte de la sociedad es la de haber recibido de parte de Adorni (para peor, con el aval del Presidente) un insulto a su inteligencia , traducido por unanimidad en las consultas periodísticas, las redes sociales y los grupos sociales en la muy argentina frase “nos toma por boludos”. Nada que hiera más el orgullo de los compatriotas.
El AdorniGate abrió una fisura ética, política y emocional con el Gobierno. En especial, con el contrato político electoral establecido con una porción importante de sus votantes, que tenía por eje la inclusión de la moral como categoría política , en contraste con la dirigencia rechazada y a la que venía a reemplazar. Hipoacusia y disonancia cognitiva. O, más simple, sordera y contradicción entre lo prometido y lo hecho .
Hartazgo interno
Por eso, cada vez son más los funcionarios y legisladores oficialistas que dicen “esto no da para más, es una locura seguir así” , sin que quienes deben y pueden tomar la decisión (los hermanos Milei) los atiendan. La fraternidad gobernante preferiría escuchar las pocas voces que minimizan el problema y confían en que la Justicia y el Poder Legislativo no terminarán con la carrera política y burocrática del jefe de Gabinete.
Por eso, ayer, Patricia Bullrich, en su papel de representante del Gobierno en el Senado, subió otra vez el nivel de alerta.…
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