Treinta y un trenes pedidos para las regiones de Cantabria y Asturias se han vuelto inutilizables debido a su incapacidad para pasar por ciertos túneles, un problema atribuido a una falta de diligencia que ha costado más de 200 millones de euros. El problema surgió durante la fase de diseño antes de que los trenes fueran fabricados, revelando una desalineación crítica entre las especificaciones del nuevo material rodante y las limitaciones físicas de la infraestructura existente.
Sin embargo, el proyecto se enfrentó a desafíos inmediatos cuando quedó claro que los trenes no podían navegar por algunos túneles debido a dimensiones incorrectas. El problema principal radicaba en el "glibo", el espacio máximo que un vehículo puede ocupar sin infringir las zonas de seguridad dentro de la infraestructura. Esto incluye consideraciones como la autorización de plataforma, líneas aéreas, equipos de señalización, curvas de la vía y posibles movimientos de trenes. En túneles, este cálculo se vuelve particularmente complejo, lo que requiere evaluaciones detalladas del espacio disponible para garantizar el paso seguro.
La revelación provocó una amplia cobertura mediática y controversia política. Inicialmente, la responsabilidad parecía recaer principalmente en Adif, la agencia de infraestructura española, que fue acusada de malinterpretar los requisitos de glibo y las características específicas de la red FEVE. CAF, el fabricante, fue acreditado por identificar el problema. Como resultado, Adif tomó medidas preventivas al despedir a su jefe de Inspección y Tecnología de Rastreos en febrero de 2023. Renfe también reemplazó al gerente que supervisaba el proyecto. Una auditoría encargada por el Ministerio de Transporte en marzo de 2024 pintó un cuadro más matizado. Encontró que el problema no era atribuible únicamente a Adif.
Se identificaron errores en múltiples entidades, incluida Renfe, que había publicado especificaciones que contenían información errónea sobre las dimensiones de los trenes. Adif y CAF también se encontraron con errores en la coordinación. La auditoría reveló además que CAF había firmado el contrato a pesar de tener acceso a la documentación de Adif 54 días antes que potencialmente podría haberles permitido identificar el problema antes. Algunos representantes de los sindicatos ferroviarios en Cantabria argumentan que los problemas comenzaron cuando FEVE se integró en Renfe y Adif en 2013, sin adaptar los aspectos únicos de la red FEVE a las normas de seguridad vigentes utilizadas en otras partes del sistema ferroviario nacional.
Un operador de trenes anónimo atribuye el error inicial al proceso de integración, sugiriendo que tanto las administraciones del PP como del PSOE comparten la responsabilidad de la supervisión. Las implicaciones financieras de estos errores son sustanciales, con costos superiores a 200 millones de euros. Los retrasos han afectado la conectividad regional y han planteado preguntas sobre la gestión de los proyectos de infraestructura pública. La situación pone de relieve las complejidades involucradas en la modernización de los sistemas ferroviarios envejecidos al tiempo que garantiza la compatibilidad con la infraestructura existente.
La investigación en curso continúa examinando las funciones desempeñadas por todas las partes involucradas, con el objetivo de determinar si deben tomarse medidas adicionales para evitar problemas similares en futuros proyectos.Los hallazgos probablemente influirán en la forma en que se gestionan y supervisan dichos contratos en el futuro, enfatizando la necesidad de un cumplimiento riguroso de las especificaciones técnicas y una coordinación exhaustiva entre todas las partes interesadas.
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