El gobierno serbio, encabezado por el presidente Aleksandar Vucic, ha expresado una fuerte oposición a la forma en que la comunidad internacional ha manejado la muerte del acusado de crímenes de guerra Ratko Mladic. Tras su muerte a los 84 años mientras estaba encarcelado en La Haya, donde cumplía una condena de cadena perpetua por crímenes contra la humanidad, el ministro de Justicia serbio, Nenad Vujic, anunció planes para honrar a Mladic con honores militares estatales. Vucic, sin embargo, templó esta postura al prometer respetar los deseos de la familia, pero enfatizó que Mladic debería ser enterrado en Serbia, cerca de su familia. Criticó a La Haya por negar supuestamente a Mladic una muerte digna en su tierra natal y acusó a la comunidad internacional de ser parcial contra los serbios durante la Guerra de Bosnia. Mientras tanto, las instituciones de la Unión Europea han advertido que cualquier glorificación de los criminales de guerra contradice los valores fundamentales europeos. A pesar de que la opinión pública en Serbia dividió a Mladic como un chivo expiat, muchos medios de comunicación han reafirmado su compromiso de reverenciar a Mladic como un líder antinatural, e incluso todos los grupos étnicos han apoyado a sus víctimas en Serbia, retratándolo como un líder nacionalista.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca las acciones y la retórica del gobierno serbio como una defensa justificada de la dignidad nacional y la verdad histórica, contrastándola con la hipocresía occidental percibida.






