El presidente serbio Aleksandar Vučić ha expresado críticas hacia La Haya tras la muerte del criminal de guerra Ratko Mladić, según informes de medios serbios. El 28 de agosto de 2026, Vučić declaró que el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) había querido que Mladić muriera en prisión en lugar de en Serbia, lo que él creía que era su deseo. Vučić describió esto como un comportamiento incivilizado sin precedentes.
Vučić enfatizó que Serbia ayudaría a garantizar un entierro digno si la familia de Mladić deseaba que ocurriera dentro del país. Mladić murió el jueves 27 de agosto de 2026 en el centro de detención de las Naciones Unidas en La Haya, donde cumplía una sentencia de cadena perpetua por crímenes de guerra y genocidio cometidos durante la Guerra de Bosnia de 1992 a 1995.
Como comandante del Estado Mayor del Ejército de la República Srpska, Mladić fue condenado por orquestar el asedio de Sarajevo, que resultó en más de 12.000 muertes de civiles, y el genocidio en Srebrenica, donde hombres y niños musulmanes bosnios fueron asesinados en julio de 1995.
En contraste, en partes de Bosnia y Herzegovina, particularmente en Srebrenica, los sobrevivientes han expresado alivio de que el perpetrador de tales atrocidades finalmente se ha enfrentado a la justicia. Sin embargo, también enfatizan que la muerte de Mladić no devuelve a los muertos ni borra las fosas comunes, subrayando la necesidad perdurable de enfrentar las verdades históricas.
Vujić destacó que los protocolos para el entierro del general son claros y que Serbia garantizará que se den todos los honores apropiados. También mencionó que Serbia ayudará en el transporte de los restos de Mladić desde La Haya, aunque la decisión final recae en la familia. En toda Serbia, especialmente en Zvornik, una ciudad de la entidad Republika Srpska de Bosnia y Herzegovina, cientos de partidarios se reunieron para llorar a Mladić.
Algunas figuras políticas prominentes, incluidos los líderes locales, han elogiado a Mladić como un símbolo de la resistencia serbia, a pesar de la condena internacional de sus acciones en tiempos de guerra. Mientras tanto, los funcionarios musulmanes bosnios, incluido el ex alcalde de Srebrenica, Ćamil Duraković, han criticado fuertemente las celebraciones en Zvornik, calificándolas de inapropiadas.
Duraković se refirió a Srebrenica como un sitio de fosas comunes y acusó a Mladić de orquestar el genocidio contra su pueblo. Instó a las autoridades a responder a la glorificación de un criminal de guerra, enfatizando que el legado de tales actos no debe ser honrado. A medida que la situación continúa desarrollándose, las narrativas contrastantes que rodean la muerte de Mladić destacan los legados complejos y a menudo dolorosos de las guerras yugoslavas.
El inminente funeral probablemente servirá como punto focal para estas perspectivas rivales, reflejando tensiones más amplias sobre cómo se recuerda y reconcilia la historia.
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