Un reptil antiguo recién descubierto del suroeste de China ha revelado órganos internos fosilizados, incluidos el estómago, el hígado y los intestinos, lo que marca uno de los hallazgos más raros en paleontología. La criatura, llamada Austronaga minuta, vivió hace aproximadamente 245 millones de años durante el período Triásico Temprano, cerca del ecuador al este del supercontinente Pangea. Este reptil marino, que era anterior a los dinosaurios, poseía extremidades delanteras robustas, extremidades traseras reducidas y conservó tejidos blandos debajo de sus costillas.
Estas capas sedimentarias se formaron hace alrededor de 245 millones de años, durante la transición del Triásico Inferior al Triásico Medio. En este momento, la zona se caracterizaba por ricos ecosistemas marinos llenos de invertebrados, peces y reptiles marinos. Algunas de estas criaturas exhibían comportamientos de caza inusuales, que parecerían extraños para los observadores modernos.
Sus extremidades delanteras se transformaron en grandes paletas, con dedos amplios y reforzados y numerosos huesos pequeños llamados falanges. Esta característica, conocida como hiperfalangia, se observa comúnmente en reptiles que comen peces como ictiosaurios y plesiosaurios. Sin embargo, no se había documentado previamente entre los arcosauromorfos más antiguos. Las extremidades traseras de Austronaga se redujeron significativamente y la pelvis había perdido su fijación a la caja torácica. Esto sugiere una adaptación altamente especializada para la vida acuática. El hueso del brazo superior era más del doble de largo que el fémur, lo que indica un poderoso mecanismo de natación.
Estas características anatómicas apoyan la hipótesis de que Austronaga era un depredador eficiente en su entorno marino. Austronaga pertenece a una rama temprana del linaje archosauromorfo, del cual los cocodrilos, los dinosaurios y las aves evolucionaron más tarde. A diferencia de los dinosaurios verdaderos, Austronaga no pertenecía a este grupo. En cambio, vivió varios millones de años antes de los primeros representantes del clado de dinosaurios. El pariente más cercano, Dinocephalosaurus, también habitó el agua pero mostró menos especialización en la estructura de las extremidades.
Dentro del árbol genealógico más amplio, Austronaga está estrechamente relacionado con Macrocnemus, una especie terrestre, y Tanystropheus, un reptil marino de cuello largo que ocasionalmente se aventuró a la tierra. Esta relación destaca la evolución independiente de las adaptaciones acuáticas dentro del grupo de archosauromorfos. Anteriormente, los científicos creían que las adaptaciones marinas en este linaje eran limitadas. Sin embargo, el descubrimiento de Austronaga desafía esta opinión, lo que sugiere que los primeros miembros del grupo desarrollaron rasgos complejos adecuados para la vida oceánica.
Bajo la luz UV, estos restos se destacaron contra la roca circundante. El equipo los identificó como rastros del estómago, el hígado y el tracto digestivo. Tal preservación del tejido blando es extremadamente rara, por lo general requiere un entierro rápido en sedimentos finos, condiciones de bajo oxígeno y la presencia de minerales que pueden reemplazar el material orgánico. Este hallazgo proporciona información crítica sobre la historia evolutiva de los reptiles marinos y su capacidad para adaptarse a los entornos acuáticos. El estudio, publicado en la revista Science Advances, incluye contribuciones de investigadores como Stephan Spiekman del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart.
El descubrimiento subraya la complejidad de la evolución temprana de los vertebrados y las diversas estrategias que los animales emplearon para prosperar en los antiguos mares.
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