Según un nuevo estudio, la evidencia fósil indica que los cocodrilos gigantes gobernaron la cadena alimentaria en el Mioceno de América del Sur. Los investigadores analizaron las marcas de mordeduras en los huesos de antiguos herbívoros para determinar qué animales eran los principales depredadores en la región. Estos hallazgos sugieren que las criaturas masivas parecidas a cocodrilos, en lugar de mamíferos como los gatos de dientes de sable o las aves terroristas, eran los cazadores dominantes en el área hace alrededor de 10 a 16 millones de años. El estudio se centra en un vasto lago interior que una vez cubrió gran parte de América del Sur, lleno de vida.
Este ecosistema incluía enormes herbívoros como perezosos terrestres gigantes, gliptodontes, mamíferos blindados relacionados con los armadillos modernos y varios grupos de ungulados, incluidos los astrapoteres y los toxodóntidos. Algunos de estos herbívoros pesaban más de una tonelada, lo que los convertía en presas desafiantes incluso para los carnívoros terrestres más grandes. Entre los depredadores que prosperaron en este entorno estaban las anacondas, los mamíferos de dientes de sable, las "aves terror" sin vuelo y los sebecidos, antepasados de los cocodrilos de hoy. Sin embargo, la investigación revela que los cocodrilos, particularmente una especie conocida como Purussaurus neivensis, desempeñaron el papel más crucial en la configuración de la red alimentaria.
Esta criatura, que podía crecer hasta siete metros de largo y pesar casi dos toneladas, era uno de los depredadores terrestres más grandes de su época. Los investigadores utilizaron evidencia física encontrada en huesos fosilizados para respaldar sus conclusiones. Examinaron las marcas de mordeduras y las impresiones de dientes dejadas en los restos de herbívoros, identificando patrones consistentes con la depredación de cocodrilos. Estas marcas se observaron con frecuencia en los huesos atribuidos a grandes ungulados, lo que sugiere que Purussaurus era un cazador regular en la región. El estudio señala que la presencia de tal actividad depredadora frecuente implica que estos cocodrilos tuvieron un impacto significativo en el tamaño de las poblaciones de sus presas.
El equipo de investigación, dirigido por Oscar Wilson, investigador postdoctoral de la Universidad de Helsinki, enfatiza que la abundancia de presas permitió a los cocodrilos dominar el ecosistema. Los depredadores mamíferos, a pesar de su tamaño y fuerza, no pudieron consumir todo el alimento disponible, dejando espacio para que los cocodrilos prosperaran. Según Wilson, los datos apoyan la idea de que estos reptiles antiguos estaban entre los depredadores más influyentes en el paisaje del Mioceno.
La investigación destaca cómo las interacciones entre depredadores y presas se pueden reconstruir a través del examen forense de los registros fósiles. En algunos casos, los mismos huesos muestran signos de múltiples tipos de interacción, incluida la depredación y el acaparamiento por diferentes especies. Las implicaciones del estudio se extienden más allá de la comprensión de los ecosistemas pasados. Ofrece una visión de las complejas relaciones que conformaron los entornos prehistóricos y subraya la adaptabilidad de los cocodrilos como depredadores máximos. El trabajo contribuye a discusiones más amplias sobre la evolución de la dinámica depredador-presa y los factores que influyen en el dominio de ciertas especies en los sistemas ecológicos.
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