El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una orden ejecutiva que podría alterar significativamente las directrices federales de larga data sobre las vacunas infantiles. La directiva, que ha sido ampliamente reportada por la agencia de noticias italiana ANSA, instruye a los estados a reevaluar sus requisitos de vacunación para la entrada a la escuela. Según un borrador de la medida obtenido por The Washington Post, la política propuesta revisaría las "Recomendaciones de vacunas infantiles estándar de oro", que tradicionalmente han agrupado ciertas vacunas en inyecciones combinadas.
Específicamente, la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR), que históricamente se ha administrado como una sola inyección, se dividiría en tres dosis separadas bajo la nueva propuesta. Los expertos médicos han expresado su preocupación por este cambio, argumentando que la vacuna MMR de una sola dosis ha demostrado ser segura y efectiva. Dividirla en múltiples inyecciones podría exponer a los niños al riesgo de estas enfermedades por un período más largo de lo necesario.
Además, las recomendaciones revisadas sugieren que otras vacunas, incluidas las de la hepatitis A y B y la meningitis, solo se recomendarían para niños que se considere que están en alto riesgo o siguiendo un proceso de toma de decisiones compartido entre los padres y los proveedores de atención médica. Este enfoque también se aplicaría a las vacunas contra la gripe y el coronavirus. En los Estados Unidos, la responsabilidad de establecer los requisitos de vacunación para los niños generalmente recae en los estados individuales en lugar del gobierno federal.
Muchos estados ya han indicado que seguirán la guía de la administración, pero planean confiar en las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría y otras organizaciones médicas prominentes. Estos grupos han enfatizado durante mucho tiempo la importancia de las inmunizaciones de rutina para prevenir enfermedades graves entre los niños. El cambio en la política se produce en medio de debates en curso sobre los mandatos de salud pública y las libertades personales.
Los funcionarios de salud pública han mantenido consistentemente que la vacunación generalizada es crucial para proteger a las poblaciones vulnerables que no pueden recibir ciertas vacunas debido a condiciones médicas. La orden ejecutiva refleja una postura ideológica más amplia de Trump y sus aliados con respecto a la regulación gubernamental de asuntos de salud. Durante su presidencia, Trump a menudo desafió el consenso científico establecido en temas que van desde el cambio climático hasta los mandatos de máscaras durante la pandemia de COVID-19. Su administración con frecuencia buscó revertir las regulaciones impuestas por administraciones anteriores, incluidas las relacionadas con la protección ambiental y el acceso a la atención médica.
Los profesionales de la salud y los defensores de la salud pública han expresado su escepticismo sobre el impacto potencial de las nuevas pautas. Enfatizan que el sistema actual, que se basa en recomendaciones basadas en evidencia de instituciones médicas de confianza, ha protegido efectivamente a los niños contra enfermedades prevenibles. Cualquier desviación de estas normas, argumentan, podría conducir a confusión entre los padres y una disminución en las tasas generales de vacunación. A medida que avance la orden ejecutiva, su implementación dependerá en gran medida de cómo los estados elijan interpretar y hacer cumplir las nuevas pautas.
Algunos estados pueden adoptar las recomendaciones en su totalidad, mientras que otros podrían resistirse a ellas basándose en datos locales de salud pública o consideraciones políticas. La respuesta de las asociaciones médicas y los gobiernos estatales probablemente dará forma al futuro de las políticas de vacunación infantil en los próximos meses.
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