Las manchas de cosquillas parecen ser comunes a través de las culturas, sin embargo, las razones detrás de las cosquillas siguen siendo complejas y multifacéticas. Un estudio reciente dirigido por Ziliang Xiong y Konstantina Kilteni del Instituto Donders de la Universidad Radboud, en colaboración con el Instituto Karolinska, ha revelado que las personas de diversos orígenes culturales comparten experiencias notablemente similares de cosquillas. La investigación, publicada en Nature Human Behaviour, encuestó a 448 personas de orígenes chino, holandés y griego, descubriendo patrones consistentes tanto en las respuestas emocionales como físicas a las cosquillas.
Los participantes de los tres grupos culturales informaron que experimentaban cosquillas principalmente a través de interacciones con familiares o amigos cercanos. Más del 95% de los encuestados habían cosquilleado a otra persona o se habían cosquilleado ellos mismos, lo que indica que las cosquillas son un comportamiento ampliamente reconocido y socialmente integrado. El estudio también encontró que los niños suelen ser cosquilleados por personas mayores, mientras que los adultos son más comúnmente cosquilleados por sus compañeros. Esto sugiere que la dinámica social que rodea las cosquillas evoluciona con la edad, lo que refleja el cambio de relaciones y roles dentro de las comunidades. A pesar de la universalidad de las cosquillas, la respuesta emocional varía.
Mientras que casi la mitad de los participantes en la infancia informaron que disfrutaban de las cosquillas, este número disminuyó ligeramente a alrededor del 35% en la edad adulta. Una porción notable de los encuestados encontraron que las cosquillas eran desagradables, y muchos adultos describieron sus experiencias como neutrales. Esta divergencia destaca la complejidad de la percepción humana y la emoción relacionada con las cosquillas. Además, cuando se les preguntó si las personas hacen cosquillas a otros para provocar la risa, el 77% estuvo de acuerdo. Sin embargo, cuando se les preguntó si la risa indica un verdadero disfrute, la mayoría de los encuestados no estuvieron de acuerdo. Esta desconexión sugiere que, si bien las cosquillas a menudo están vinculadas con la risa, no siempre reflejan emociones positivas.
El estudio también exploró las regiones específicas del cuerpo en las que las personas se sienten más cosquillas. Se pidió a los participantes que colorearan diagramas corporales para identificar sus áreas más cosquillosas, revelando una sorprendente consistencia en los tres grupos culturales. Las axilas, las plantas de los pies, el abdomen y los lados del torso fueron marcados consistentemente como las regiones más cosquillosas. Estos hallazgos desafían varias teorías de larga data sobre la cosquillez. Por ejemplo, se refutó la creencia de que la piel delgada contribuye a la cosquillez, ya que las áreas con piel más delgada, como los labios y los párpados, no se citan con frecuencia como cosquillosas.
De manera similar, la noción de que la vulnerabilidad juega un papel clave en el cosquilleo también se puso en duda, ya que las regiones más cosquilleantes no se alinearon con las partes más vulnerables del cuerpo. Las comparaciones con mapas de otras experiencias sensoriales, como el dolor y el tacto placentero, subrayaron aún más la singularidad del cosquilleo. Los investigadores encontraron que las regiones cosquilleantes no se correspondían con áreas de alta sensibilidad al tacto regular o aquellas típicamente asociadas con el placer. En cambio, la evidencia apuntaba hacia la hipótesis de Charles Darwin de que las partes del cuerpo que se tocan con menos frecuencia pueden volverse más cosquilleantes.
Sin embargo, Xiong enfatizó que ninguna teoría puede explicar completamente el fenómeno, lo que sugiere que múltiples factores, incluidas las influencias sociales, sensoriales y fisiológicas, probablemente contribuyen al cosquilleo. Los hallazgos del estudio abren nuevas vías para la investigación científica sobre el cosquilleo, ofreciendo una base para una investigación más sistemática y estandarizada. Al mapear el cosquilleo a través de las culturas y examinar sus dimensiones psicológicas y fisiológicas, los investigadores esperan profundizar en nuestra comprensión de esta intrigante sensación humana.
A medida que el campo continúa explorando los matices del cosquilleo, los estudios futuros pueden arrojar luz sobre los mecanismos evolutivos y neurológicos subyacentes a esta experiencia universal pero enigmática.
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