Ratko Mladic, un comandante serbio bosnio condenado por crímenes de guerra y genocidio, murió mientras cumplía una condena de cadena perpetua en La Haya. Su funeral tuvo lugar en Belgrado, donde miles de dolientes se reunieron en una iglesia ortodoxa serbia, a pesar de las protestas de la Unión Europea contra la conmemoración de un criminal de guerra. Las autoridades serbias organizaron el evento con honores militares, incluida una conmemoración militar y la participación de la Iglesia Ortodoxa Serbia. La UE criticó a Serbia por contradecir sus criterios de adhesión, lo que llevó a la cancelación de una visita planeada por un comisionado de la UE. El presidente serbio Aleksandar Vucic rechazó las críticas, acusando a la UE de hipocresía y parcialidad anti-serbia, mientras el país se prepara para una importante elección parlamentaria.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca las acciones de Serbia como un desafío justificado contra las críticas occidentales, enfatizando el orgullo nacional y la perspectiva histórica.





