En Chile, los padres están descubriendo que sus hijos ahora pueden conversar con juguetes de peluche equipados con tecnología de IA. Estos juguetes, que se conectan a Wi-Fi y utilizan modelos como ChatGPT y Gemini, están diseñados para involucrar a los niños a través de un diálogo dinámico en lugar de respuestas pregrabadas. Una simple búsqueda en los principales minoristas y mercados en línea revela que estos productos ya están disponibles, aunque muchos se venden a través de proveedores externos o se importan directamente.
Cuenta con 16 personajes distintos con los que los niños pueden interactuar, y su aplicación orientada a los padres permite a los cuidadores monitorear los patrones de uso. A diferencia de los juguetes tradicionales que repiten frases fijas, este compañero impulsado por IA escucha, procesa la entrada utilizando algoritmos avanzados y genera respuestas personalizadas. Esta capacidad permite conversaciones continuas, haciendo que la experiencia sea más inmersiva e interactiva. El fenómeno ha despertado interés más allá de América del Sur.
Esta colaboración marca un paso significativo hacia la fusión de tecnología de vanguardia con la fabricación de juguetes tradicional. Como resultado, la fantasía de larga data de un juguete realista, una vez explorado a través de juegos como Tamagotchi y Furby, se está convirtiendo en una realidad tangible. En el corazón de esta innovación está Curio, una compañía estadounidense especializada en chatbots impulsados por IA incrustados en juguetes de peluche. Durante una visita a su sede, la periodista Amanda Hess de The New York Times se encontró con Grem, un conejo azul, similar a un alienígena con orejas puntiagudas y manchas rosadas, con la voz del músico Grimes. Diseñado para atraer incluso a niños pequeños, Grem demostró una capacidad para procesar y responder a consultas en tiempo real.
Cuando se le preguntó sobre sus marcas distintivas, Grem explicó que eran manchas rosadas que crecieron a medida que maduraba, lo que llevó a Hess a compartir su propia experiencia de desarrollar características similares con el tiempo. Su intercambio reveló un nivel de conexión emocional que sorprendió a ambas partes. Hess describió sentirse confundida por la interacción, señalando cómo Grem transformó un detalle personal en un punto de conexión compartido.
Las compañías están produciendo cada vez más animales de peluche habilitados con IA, incluidos osos, dinosaurios y capibaras, cada uno capaz de entablar un diálogo significativo con los niños. Estos juguetes representan un cambio en la forma en que los niños interactúan con los objetos. En lugar de entretenimiento pasivo, ofrecen compañía y capacidad de respuesta, difuminando las líneas entre juguete y confidente. Algunos modelos pueden recordar interacciones pasadas, lo que permite la continuidad de la conversación. Otros pueden hacer preguntas, contar historias y seguir hilos narrativos, creando una sensación de presencia y compromiso. La integración de la IA en el juego cotidiano subraya un creciente deseo de hacer que la tecnología sea más accesible y emocionalmente resonante.
A medida que estos juguetes se vuelven más frecuentes, también lo hace la necesidad de considerar cuidadosamente su impacto. Los padres y los educadores deben sopesar los beneficios de una mayor interactividad contra los riesgos potenciales, como los problemas de privacidad de datos o los efectos psicológicos de formar apegos a entidades no humanas. El futuro de la IA en los juguetes sigue siendo incierto, pero una cosa está clara: los límites entre la imaginación y la realidad se están disolviendo rápidamente.
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