El gobierno de los Estados Unidos está avanzando con su plan para equipar a los oficiales de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) con guantes de choque eléctrico diseñados para ayudar a desactivar situaciones volátiles sin recurrir a la fuerza letal.
Según un aviso publicado por el Departamento de Seguridad Nacional, el proceso de adquisición de los guantes está programado para comenzar tan pronto como el viernes, con un contrato sin licitación anticipado. La medida sigue una declaración pública de Tom Homan, el zar fronterizo de la Casa Blanca, quien defendió el plan durante una aparición en Fox News. Homan enfatizó que los guantes ofrecen un punto medio entre la desescalada verbal y el uso de fuerza mortal, particularmente en escenarios que involucran a individuos resistentes o agresivos. Homan describió los guantes como una herramienta para ayudar a los oficiales a lograr el cumplimiento sin escalar incidentes hasta el punto en que la fuerza letal se vuelve necesaria.
Reconoció que el despliegue de los dispositivos requeriría tiempo adicional para la capacitación y el desarrollo de políticas, y señaló que ICE actualmente está refinando los procedimientos para garantizar un uso seguro y apropiado. Los guantes funcionan de manera similar a los Tasers o el spray de pimienta, entregando una corriente eléctrica controlada a través del contacto directo con la piel para inducir incomodidad y fomentar la cooperación. La tecnología en sí funciona como un par de guantes estándar hasta que se activa presionando un interruptor, momento en el que emite un breve pero notable pulso eléctrico.
Según Compliant Technologies, la sensación es similar a una picadura de abeja, aguda e inmediata, pero no resulta en lesiones o incapacidad a largo plazo. La compañía advierte que los dispositivos no deben usarse como una forma de castigo o contra poblaciones vulnerables, incluidos niños, ancianos o personas con discapacidades. A pesar del respaldo oficial, el plan ha provocado controversia entre los defensores de los derechos civiles y expertos legales. Los críticos argumentan que los guantes representan otra expansión del uso de la fuerza por parte del gobierno federal durante la aplicación de la ley de inmigración, lo que plantea preguntas sobre la rendición de cuentas y la transparencia.
Organizaciones como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) han expresado su preocupación por el potencial de uso indebido, citando casos anteriores en los que los oficiales de ICE han sido criticados por el uso excesivo de la fuerza. Algunos activistas advierten que la facilidad de desplegar los guantes, que requieren solo un simple interruptor, podría tener consecuencias no deseadas, especialmente en situaciones en las que las personas no reciben ninguna advertencia previa.
Señalan que los dispositivos ya han sido adoptados por varios departamentos de policía locales e instituciones correccionales, donde se han utilizado para manejar situaciones difíciles sin causar daños graves. Los defensores como Geoffrey Alpert, profesor de criminología, sugieren que si bien la tecnología puede ser prometedora, es esencial realizar más investigación y capacitación estandarizada para evitar el uso indebido. A medida que avanza el proceso de adquisición, el debate sobre las implicaciones éticas y operativas de los guantes continúa intensificándose.
Con ICE preparándose para distribuir los dispositivos a los oficiales de primera línea, las próximas semanas probablemente revelarán si la agencia puede equilibrar la necesidad de una mayor seguridad con la responsabilidad de proteger la dignidad y la seguridad humanas.
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