Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde 2016, enfrenta uno de los períodos más turbulentos de su mandato en medio de crecientes desafíos internos y externos. Su controvertida propuesta de privatizar partes de la Copa del Mundo ha provocado una feroz reacción, particularmente del jefe de la UEFA, Aleksander Ceferin, y otros críticos. Mientras tanto, la candidatura de Infantino para la reelección en marzo de 2027 parece cada vez más precaria a medida que las facciones rivales dentro de la gobernanza del fútbol comienzan a unirse contra él.
La controversia comenzó a principios de este año cuando surgieron informes que sugerían que Infantino había ofrecido a Marruecos los derechos de hospedaje de la final de la Copa Mundial 2030 a cambio de apoyo político durante su campaña de reelección.
Esa medida, destinada a asegurar la estabilidad financiera de la FIFA, en cambio desencadenó una ola de críticas y planteó dudas sobre su capacidad para mantener el control sobre la organización. La posición de Infantino se complica aún más por la creciente influencia de la UEFA, que ha criticado abiertamente su liderazgo. El órgano rector europeo ha expresado una pérdida de confianza en Infantino, citando preocupaciones sobre la gobernanza y la transparencia. La postura de la UEFA ha envalentonado a algunos miembros de la comunidad internacional del fútbol para desafiar la autoridad de Infantino, creando un vacío de poder que podría remodelar el futuro de la administración del fútbol mundial.
El cálculo político que rodea la reelección de Infantino es complejo. Para ganar, necesita una mayoría de 106 votos de los 211 emitidos por las asociaciones miembro. Actualmente, tiene el apoyo de las confederaciones africanas (54) y asiáticas (47), con un total de 101 votos. Sin embargo, aún requiere cinco votos adicionales para asegurar la victoria.
En respuesta a la creciente presión, la FIFA emitió una declaración formal condenando los esfuerzos para socavar su liderazgo. La comunicación enfatizó que Infantino fue elegido democráticamente y no debe enfrentar desafíos basados en acusaciones infundadas. También reafirmó el compromiso de la organización de defender los procesos democráticos y rechazar cualquier intento de distorsionar hechos o crear distracciones que puedan descarrilar el progreso. La declaración no abordó directamente las acusaciones de mala conducta que involucran a un ex empleado, aunque subrayó la importancia de mantener la integridad institucional.
Según The Telegraph, la UEFA supuestamente pagó seis cifras y financió un programa de MBA para una mujer que supuestamente estaba en una relación con Infantino durante su mandato como secretario general de la UEFA. El reclamo sugiere un posible conflicto de intereses, con la mujer recibiendo una promoción rápida y una compensación sustancial después de abandonar la organización. La UEFA confirmó el pago, afirmando que estaba de acuerdo con las regulaciones existentes en ese momento. Infantino negó categóricamente las acusaciones, llamándolas "completamente falsas" y enfatizando que no hubo quejas sobre su comportamiento por parte de los empleados. A pesar de las controversias, Infantino continúa afirmando su legitimidad como presidente de la FIFA.
Argumenta que su mandato inicial de tres años desde 2016 hasta 2019 no se contó en el límite de 12 años impuesto por la organización, lo que le permitió buscar la reelección en 2027.
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