Los astrónomos han identificado un cometa que pasó cerca de la Tierra en diciembre como uno de los objetos conocidos más antiguos del universo, que data de hace casi 10 mil millones de años. Este descubrimiento fue posible gracias a un análisis detallado de su composición química utilizando datos recopilados desde el Telescopio Espacial James Webb y el telescopio Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) en Chile. El cometa, designado 3I/Atlas, fue detectado por primera vez en julio de 2020 por el telescopio ATLAS en Chile. Es el tercer objeto interestelar confirmado que se observa originado fuera de nuestro sistema solar, después de 1I/Oumuamua en 2017 y 2I/Borisov en 2019.
El estudio publicado en la revista científica *Nature* sugiere que este cometa se formó dentro de un sistema planetario frío hace aproximadamente 10 a 12 mil millones de años. Dado que la edad estimada del universo es de alrededor de 13.8 mil millones de años, esto coloca la formación del cometa entre los eventos más tempranos en la historia cósmica. Los investigadores creen que el cometa se originó en una nube fría donde las temperaturas eran de aproximadamente -243 grados Celsius, condiciones muy diferentes a las que se encuentran en nuestro sistema solar.
Los científicos analizaron la composición química del agua del cometa, que contiene diez veces más deuterio, un isótopo pesado de hidrógeno, que otros cometas. Esta alta proporción de deuterio indica que el cometa probablemente se formó en un entorno extremadamente frío, muy alejado de las regiones más cálidas típicamente asociadas con la formación de cometas.
Además de su firma isotópica única, el cometa también exhibe niveles inusualmente altos de carbono en comparación con objetos similares dentro de nuestro sistema solar y nubes interestelares cercanas.
La detección de 3I/Atlas marca un hito significativo en el estudio de los objetos interestelares. A diferencia de los descubrimientos anteriores, que se observaron principalmente a medida que pasaban por nuestro sistema solar, este cometa fue estudiado en detalle durante su salida del Sol en diciembre de 2020. Esto permitió a los científicos recopilar datos completos sobre su trayectoria, velocidad y composición química, proporcionando información valiosa sobre la naturaleza de los objetos que se originan más allá de nuestro sistema solar.
Los científicos esperan que más observaciones de objetos similares proporcionen pistas adicionales sobre los orígenes de nuestro sistema solar y la estructura más amplia de la galaxia.
A medida que se descubran y estudien más objetos interestelares, los astrónomos esperan obtener una visión más profunda de los procesos dinámicos que dan forma al universo. Misiones futuras y técnicas de observación avanzadas pueden permitir análisis aún más detallados de estos raros visitantes, arrojando luz sobre los misterios de la evolución cósmica y los orígenes de los cuerpos celestes.
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