Ratko Mladic, un comandante serbio bosnio condenado por crímenes de guerra y genocidio, murió en La Haya mientras cumplía una sentencia de cadena perpetua. Su cuerpo fue enterrado en Belgrado con honores militares, atrayendo a grandes multitudes a pesar de las preocupaciones de la Unión Europea. Muchos serbios lo ven como un héroe nacional, con sus restos expuestos en una iglesia ortodoxa serbia y asistidos por figuras como el nacionalista serbio bosnio Milorad Dodik y el embajador ruso. El evento provocó críticas de grupos como las Madres de Srebrenica, que lo calificaron de amenaza para los valores europeos. La UE condenó la glorificación de los criminales de guerra, mientras que los partidarios argumentan que refleja el sentimiento nacional.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca el funeral de Mladic como una expresión legítima de la identidad nacional serbia y el patriotismo, enfatizando el apoyo de los medios de comunicación progubernamentales, los honores militares y las figuras nacionalistas.




