La ministra chilena de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, se enfrenta a un creciente escrutinio por los recientes cambios en el programa Fondecyt (Fondo Nacional para el Desarrollo Científico y Tecnológico), que ha provocado preocupaciones entre los rectores universitarios y la comunidad científica.
El Fondecyt, el principal mecanismo financiado por el estado de Chile para apoyar la investigación científica y tecnológica básica, opera bajo la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). Distribuye recursos a través de concursos públicos a investigadores en todos los campos del conocimiento. Sin embargo, las nuevas pautas para las becas postdoctorales de 2027 introducen un cambio significativo: hasta el 70 por ciento de los proyectos otorgados podrían asignarse a 10 áreas prioritarias designadas. Este cambio no estaba presente en las pautas de 2026 y ha generado alarma en los círculos académicos.
En una carta detallada fechada el 2 de agosto, dirigida directamente al ministro, el consejo enfatizó su preocupación de que estas modificaciones amenacen los principios de larga data que han guiado a la Fondecyt durante más de cuatro décadas. Estos principios incluyen la libertad de investigación, la apertura a todas las áreas de conocimiento, la evaluación por pares y la competencia basada en el mérito. Según la carta, la Fondecyt ha sido históricamente considerada una piedra angular de la política nacional, trascendiendo los cambios políticos y sirviendo como un mecanismo clave para financiar la investigación impulsada por la excelencia en Chile.
El consejo argumentó que las decisiones con el potencial de socavar estos principios fundamentales deben ser precedidas por un análisis exhaustivo y un diálogo con universidades y científicos. Uno de los principales puntos de discusión es la introducción de un sistema que permita que hasta el 70 por ciento de las subvenciones vayan a proyectos alineados con áreas prioritarias específicas. Si bien el Cruch reconoce la necesidad de que el gobierno establezca prioridades estratégicas, argumenta que el Fondecyt no es el vehículo apropiado para implementar tales asignaciones específicas.
El consejo cree que este enfoque corre el riesgo de reducir el alcance de la investigación y limitar la colaboración interdisciplinaria, lo cual es crucial dado los complejos desafíos que enfrenta la nación. Lincolao, quien asumió el cargo en medio de debates en curso sobre la reestructuración de la financiación estatal para la educación y la investigación, se ha enfrentado a múltiples críticas desde que asumió su papel. A principios de este año, anunció la suspensión del apoyo financiero para dos líneas del programa de becas Becas Chile, específicamente para estudios de maestría y doctorado en el extranjero, una medida que atrajo elogios y reacciones negativas. Ahora, los últimos cambios en el Fondecyt agregan otra capa de controversia a su mandato.
La respuesta de Cruch destaca las tensiones más amplias entre el gobierno y el mundo académico con respecto a la dirección de la inversión científica. Si bien el ministerio enfatiza la importancia de alinear la investigación con las prioridades nacionales, los críticos argumentan que dicha alineación no debe ser a expensas de las libertades fundamentales de investigación y la diversidad de la investigación. El debate subraya el delicado equilibrio requerido para dar forma a las políticas que promueven la innovación mientras se mantiene la integridad de la empresa científica.
En el informe se pide transparencia e inclusión en el proceso de toma de decisiones, haciendo hincapié en que el futuro del panorama científico de Chile depende de los esfuerzos de colaboración entre los responsables políticos y la comunidad académica.
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