El sector bancario de Chile se ha distinguido durante mucho tiempo dentro del panorama financiero de la OCDE, marcado por su alta rentabilidad en comparación con sus contrapartes más desarrolladas. La industria ha mantenido una estructura única, con barreras de entrada que conducen a una consolidación de bancos, que ahora suman 17 de 25, con solo dos nuevos participantes en los últimos años, y un enfoque predominantemente en grandes corporaciones. Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) representan poco más del 15% de las carteras bancarias, muy por debajo del promedio de la OCDE de más del 25%.
El sistema bancario chileno, respaldado implícitamente por el estado a través del Banco Central, debería servir idealmente como un pilar financiero clave para las PYMES y las microempresas, que forman la columna vertebral del ecosistema empresarial del país. Sin embargo, la estructura actual favorece a los grandes grupos corporativos, que tienen acceso a vías alternativas de financiación como bonos, ofertas de acciones y bancos internacionales. Los bancos argumentan que el problema radica en parte en la tasa de interés máxima legal, pero los expertos sugieren que el desafío principal se deriva de los estrictos requisitos que enfrentan las PYMES para obtener acceso al crédito. Estos incluyen información financiera auditada, garantías y un historial dentro del sistema financiero.
Las provisiones requeridas para los préstamos a las PYME, considerando su realidad financiera e historia, hacen que estos préstamos sean menos atractivos, incluso cuando las tasas de interés convencionales se relajan. Se espera que las reformas propuestas al mercado de capitales aborden por qué los bancos no están apoyando adecuadamente al sector de las PYME. Un factor importante es el alto porcentaje de capital que se puede prestar a grandes grupos económicos, hasta el 30%, que consume una parte significativa de la capacidad de préstamo de los bancos.
Los expertos argumentan que los cambios regulatorios deberían permitir a las empresas más pequeñas emitir bonos con menos restricciones, permitir que los fondos de pensiones (AFP) compitan en los mercados de deuda privada y crear un mercado de valores más líquido.
Este entorno regulatorio ha alejado efectivamente al sector bancario de las realidades de la economía chilena en general, dejando a muchas empresas fuera del sistema financiero formal. Los analistas subrayan la necesidad de reducir las provisiones de préstamos para financiamiento a más largo plazo, reducir los requisitos contables y simplificar la serie de regulaciones que actualmente favorecen a las grandes corporaciones sobre las empresas nacientes o colaborativas. El regulador ha construido un marco que aísla cada vez más al sector bancario de las necesidades reales de la mayoría de las empresas chilenas.
Al ajustar los límites sobre cuánto pueden prestar los bancos a las grandes corporaciones, habría espacio para que las PYME accedan al crédito con mayor libertad. Además, reducir la carga de las provisiones para los plazos de préstamos extendidos y aliviar los estándares contables podría hacer que los préstamos a las PYME sean más viables para los bancos. Estos pasos son fundamentales para garantizar que el sector bancario atienda a todos los segmentos de la economía, no solo a los jugadores más grandes. El éxito de estas reformas dependerá de la implementación de medidas prácticas que se alineen con las realidades operativas de las pequeñas empresas, permitiéndoles prosperar junto con entidades más grandes.
El debate continúa sobre si el marco regulatorio actual es suficiente para apoyar el crecimiento de las PYME o si son necesarios más ajustes. Algunas partes interesadas creen que las reglas existentes ya brindan un espacio adecuado para las pequeñas empresas, mientras que otras argumentan que los cambios estructurales son esenciales para fomentar un entorno financiero más inclusivo. A medida que avanzan las discusiones, el enfoque sigue estando en la creación de políticas que garanticen el acceso equitativo al crédito y promuevan el desarrollo económico sostenible en todos los tamaños de empresas.
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