El ajuste se produce en medio de datos contradictorios que muestran señales mixtas sobre la salud económica del país. 2% de disminución en el PIB durante el segundo trimestre interanual, junto con la inversión estancada y cuatro trimestres consecutivos de contracción en la minería. Estas cifras contrastantes destacan la complejidad de evaluar la trayectoria económica de Chile. Un mes fuerte puede existir simultáneamente con una economía cuya tendencia de crecimiento a largo plazo se ha debilitado durante años. Desde principios de la década de 1990, Chile había reducido gradualmente la brecha con las economías de mayores ingresos, pero este progreso se desaceleró significativamente a principios de la última década.
Varios factores han contribuido a este cambio, incluyendo el final de un auge anterior de los productos básicos, la reducción del impulso de la fuerza laboral, la disminución de la inversión y la productividad, los cambios regulatorios, las reformas fiscales y la desaparición de un entorno externo inusualmente favorable.
Las explicaciones económicas convencionales identifican obstáculos reales como permisos excesivamente largos que aumentan los costos y retrasan los proyectos, la incertidumbre que afecta las decisiones de inversión, los impuestos que alteran los rendimientos, la competencia inadecuada que impide la entrada de empresas más eficientes y la mala asignación de capital y trabajo que reduce la productividad. Corregir estas distorsiones podría impulsar la inversión y el crecimiento. Sin embargo, esta explicación alcanza sus límites cuando se intenta explicar una desaceleración prolongada.
Incluso atribuirlo únicamente a la débil productividad deja abierta la pregunta central: la productividad abarca diversos fenómenos que van desde la tecnología, la calidad del capital y el trabajo, la reasignación, la escala, la organización y el aprendizaje. Su debilidad en sí misma requiere una explicación adicional. Las pistas pueden estar en las actividades que sostuvieron gran parte del éxito de exportación de Chile durante décadas. La minería de cobre, la silvicultura, la salmonicultura y varios sectores de exportación agrícola acumularon capital, infraestructura, conocimiento, proveedores y mercados. Precisamente debido a este éxito, muchas de sus fuentes de expansión iniciales se han vuelto más difíciles de replicar hoy en día.
En la minería de cobre, los grados más bajos de mineral y el aumento de la demanda de agua, energía e infraestructura requieren recursos sustanciales para mantener y expandir la producción. En el sector forestal, la expansión territorial se enfrenta a restricciones físicas, ambientales y sociales. En la salmonicultura, el aumento de la biomasa se encuentra con límites sanitarios y ecológicos. En las exportaciones agrícolas, la disponibilidad de agua, el cambio climático, la mano de obra y la competencia internacional aumentan los requisitos para el crecimiento continuo. Esto no indica el agotamiento de estos sectores. Más bien, el cambio es más preciso: la próxima etapa de crecimiento probablemente tendrá dificultades para reproducir la anterior.
En un contexto en el que la expansión de la superficie, la extracción, la biomasa o la capacidad instalada generaron anteriormente aumentos significativos en la producción, las nuevas ganancias requerirán diferentes estrategias e innovaciones. El desafío ahora no radica simplemente en expandir las plataformas existentes, sino en utilizarlas para producir la próxima generación de capacidades. Esta transición subraya la necesidad de transformación estructural e innovación para sostener el crecimiento futuro.
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