Brasil ha registrado su nivel más bajo de deforestación en la selva amazónica en una década, según datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE). Entre agosto de 2025 y julio de 2026, aproximadamente 2,874 kilómetros cuadrados de bosque fueron talados, lo que representa una disminución del 36 por ciento en comparación con las cifras del año anterior. Esto representa un cambio significativo desde los años bajo el presidente Jair Bolsonaro, quien supervisó un fuerte aumento en las tasas de deforestación durante su mandato. La reciente caída en la deforestación se produce en medio de los renovados esfuerzos del gobierno para frenar la tala ilegal y proteger la selva tropical más grande del mundo.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien asumió el cargo a principios de 2023, ha hecho de la protección del medio ambiente una parte central de la agenda de su administración. Describió la situación actual como "fantástica", enfatizando el progreso logrado desde que asumió el poder. Su gobierno se ha comprometido a eliminar la deforestación por completo dentro de la Amazonía para 2030, un objetivo que ha ganado impulso con la aplicación más estricta de las leyes ambientales y el aumento del monitoreo a través de la tecnología satelital. La reducción de la deforestación se ha acompañado de una notable disminución de los incendios forestales.
Esto marca el área más pequeña registrada afectada por incendios forestales desde el comienzo del seguimiento sistemático en 1983. La disminución tanto en la deforestación como en los incendios forestales sugiere una tendencia positiva en la salud ecológica de la región, aunque los expertos advierten que es necesaria una vigilancia continua para sostener este progreso. Bajo el liderazgo de Bolsonaro, las actividades de deforestación y limpieza de tierras aumentaron debido a las regulaciones ambientales debilitadas y la reducción de la supervisión. Su administración a menudo enmarcó el Amazonas como un recurso económico sin explotar, lo que llevó a la tala ilegal y la expansión agrícola.
Las políticas que implementó contribuyeron a una de las tasas más altas de deforestación en la historia de Brasil, atrayendo críticas internacionales y preocupación por la pérdida de biodiversidad. El regreso de Lula a la presidencia ha traído una reversión de estas tendencias. Su administración ha restablecido las agencias ambientales, ha fortalecido las protecciones legales para los territorios indígenas y ha aumentado la financiación para programas de conservación. Estas medidas han ayudado a reducir las actividades ilegales y promover prácticas sostenibles de uso de la tierra.
Sin embargo, los desafíos permanecen, incluida la resistencia política de los intereses de la agroindustria y la presión continua de los mercados globales que priorizan la producción de productos básicos sobre la preservación ambiental. Las organizaciones ambientales han acogido con beneplácito los últimos datos, pero instan a que se siga apoyando las estrategias de conservación a largo plazo. Destacan la importancia de mantener la financiación de los sistemas de monitoreo por satélite y hacer cumplir rigurosamente las leyes contra la deforestación. Mientras tanto, las comunidades locales y los grupos indígenas han expresado un optimismo cauteloso, señalando que si bien las condiciones han mejorado, todavía se enfrentan a amenazas de invasión y disputas de tierras.
Mirando hacia el futuro, el gobierno brasileño planea expandir sus esfuerzos para combatir la deforestación ilegal aumentando las patrullas en áreas protegidas y mejorando la colaboración con socios internacionales.
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