Estas son algunas de las columnas de opinión más destacadas del fin de semana.
“¡ Sí, sí, Colombia!” de Carlos Cortés. “La crisis de autoría propia mutó en parodia. Sin haberse desmarcado de Petro, haciendo anuncios sin consecuencias y deambulando con mensajes dispersos, la propia campaña de Iván Cepeda terminó acudiendo al fervor por la Selección como recurso desesperado de última hora. Quisieron prohibir la camiseta y la terminaron abrazando”.
“Realismo trágico” de Maria Alejandra Victorino. “Los riesgos hay que identificarlos y mitigarlos pero no encarnizarlos ni personificarlos. En este país que ya cambió la constitución para reelegir presidente, y en el que el mismo sistema la volvió a modificar para evitar una tercera reelección. En el mismo en el que la justicia devuelve curules ante casos de fraude electoral. Algo debe funcionar y hay mucho que no funciona. ¿Qué estamos dispuestos a ceder en la elección?”
“El país centrífugo de Andrés Caro” . “Ahora os líderes políticos exitosos no sólo expresan las ideas más radicales, lsino que triunfan, precisamente, porque logran consolidar una facción alrededor de esas ideas y de unos mitos que no admiten concesiones. Son líderes centrífugos”.
“Mi primer Abelardo” de Daniel Coronell. “Ninguna otra firma –y estaban interesadas varias de las más grandes e importantes de Colombia– tendría una remuneración tan grande. “¿Cuál era el servicio tan valioso que una empresa diminuta podía prestarle a un interesado en esa megalicitación? Eso me llamó la atención y en ese contexto, en agosto de 2006, oí por primera vez el nombre de Abelardo de la Espriella”.
“Las dos Colombias” de William Ospina. “A pesar de la crispación y la ceguera esta no es una lucha entre el bien y el mal: aquí hay dos Colombias, una que necesita con urgencia lo indispensable y que se le abran las oportunidades, y otra que exige ya prosperidad y conexión con el mundo. Un estadista tiene que ser capaz de interpretarlas a ambas y no persistir en la locura de enfrentarlas en una eterna danza de sangre”.
Read the full article at La Silla Vacía →