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El rechazo al ingreso de un árbitro somalí por parte del gobierno estadounidense y las vejaciones y malos tratos a ciertas selecciones han ensuciado el torneo que comenzó este jueves en Canadá, Estados Unidos y México. La principal crítica es a la nula reacción de la FIFA a estas situaciones. El autor de esta columna dice que no le sorprende que «habiendo tanto dinero detrás de esta fiesta –que ya no es para todos, por cierto-, no hay quienes levanten la voz contra esa verdadera trasnacional en que se ha convertido la FIFA desde Havelange hasta Infantino, pasando por el inefable Blatter».
Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno
Nadie duda de que esta Copa del Mundo, que se disputará en tres países de Norteamérica –Canadá, Estados Unidos y México-, ya está manchada. No sólo por el rechazo del gobierno de Donad Trump al ingreso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, el mejor de África el 2025 y que estuvo en Chile para el Mundial Sub 20, dirigiendo en tres partidos, incluyendo el del tercer puesto. También, por las vejaciones y malos tratos que han afectado a varias selecciones, como la de Irak y la de Irán.
Claro, dirá usted, el árbitro somalí es musulmán y como tal ha tenido alguna relación de mensajes en redes sociales con personas consideradas peligrosas por parte del gobierno estadounidense.
La FIFA se lavó las manos en este caso señalando que no puede inmiscuirse en decisiones del país anfitrión con respecto a quienes permiten entrar y a quienes no. Ello, a pesar de grandilocuentes discursos sobre el carácter universal y aglutinador del fútbol y el papel relevante del organismo en impulsar esos valores.
Y como todo lo que huela o suene al Islam es para las autoridades estadounidenses sinónimo de terrorismo, los jugadores de varios países han pasado por preocupantes abusos discriminatorios.
Vamos por parte.
Los jugadores iraquíes fueron sometidos a una drástica revisión por personal de seguridad a su llegada a territorio estadounidense que ninguna otra delegación no musulmana ha sufrido.
En el aeropuerto de Chicago, los jugadores tuvieron que soportar extensas revisiones. Y, de hecho, el delantero Aymen Hussein fue retenido e interrogado durante siete horas, antes de dejarlo ingresar rumbo al Grenbier Center, su lugar de concentración en el condado de Faulker, en Arkansas.
Lo mismo ocurrió con las selecciones de Senegal y Uzbekistán, a quienes, además de las revisiones físicas, los agentes locales les requisaron el equipaje de mano y las maletas.
ÁRBITROS Y PERIODISTAS DEPORTADOS
Aparte del caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artán, detenido a su llegada a Miami, y enviado a Turquía, el fotógrafo oficial de la selección de Irak, Talal Salah, también fue deportado. En ambos casos, tenían un visado vigente que no fue respetado.
También han sufrido el mal trato periodistas iraníes y de varios países africanos, quienes han visto rechazadas sus solicitudes de visa por el gobierno estadounidense, y no podrán cubrir los partidos en vivo.
Activistas estadounidenses han denunciado que a 14 miembros del cuerpo técnico y administrativo de la selección de Irán les fue negada la visa de ingreso.
También han sufrido la discriminación los hinchas. Por ejemplo, a decenas de marroquíes se les negó la visa y se quedaron lamentando haber gastado miles de dólares en entradas para los partidos y las reservas de hotel.
EL CASO DE IRÁN
La selección de Irán es una de las nueve delegaciones que no concentrarán en Estados Unidos. Junto a ellos, están Colombia y Corea del Sur, que estarán en México, específicamente en Guadalajara; Sudáfrica va a Pachuca; Túnez a Monterrey y Uruguay a Cancún. Aparte que Canadá, obviamente, y Panamá, estarán en Vancouver y en New Tecumseth (Ontario), respectivamente.
Pero el caso de los iraníes es francamente inaceptable.
Primeramente, tras los ataques de Israel y Estados Unidos a su territorio, Irán había señalado que renunciaba a jugar el Mundial. Se dice que personeros de la FIFA los convencieron para que cambiaran la decisión, comprometiéndose a una extrema seguridad.
Incluso hubo voces que emplazaron a la FIFA a cambiar la sede de los compromisos de Irán para Canadá y México, pero Giani Infantino, el corrupto mandamás del organismo, se negó rotundamente a siquiera pensarlo.
Decididos finalmente a participar en su séptima Copa del Mundo –nunca pasó de la primera ronda- desde 1978, cuando debutó en Argentina, nunca pensaron que iban a ser tan discriminados por las autoridades estadounidenses.
Y aquí, otra vez la FIFA demostró que le importa más lo que piensen los auspiciadores, que las condiciones deportivas de los equipos clasificados.
Sí, porque Irán tendrá un trato inédito y único. Cada vez que le toque jugar –en Los Ángeles contra Nueva Zelanda el lunes 15 (21:00, hora chilena) y Bélgica el domingo 21 (15:00) y en Seattle con Egipto el viernes 26 (23:00)- deberá viajar el mismo día del partido y volver inmediatamente a Tijuana, donde fue instalado…
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