La familia Trump cree que el mundo entero es su patio de recreo. Hace cinco años, Jared Kushner, el hombre que está definiendo desde las sombras el futuro de Oriente Medio, navegaba plácidamente en yate por el Mediterráneo con su mujer, Ivanka Trump, y con un amigo multimillonario cuando se toparon con una isla salvaje paradisíaca y deshabitada. Y claro, solo pensaron en hacerse con ella y construir un complejo turístico de lujo para ricos.
“Estábamos en el barco de un amigo, paramos para bañarnos y así la encontramos. Nadamos hasta la isla, dimos un paseo descalzos hasta arriba y nos cautivó. Desde entonces se ha quedado en nosotros”, contaba la semana pasada la hija del presidente en una amable entrevista. “Con el paso de los años, desarrollamos la oportunidad para ayudar a alcanzar su potencial y transformarla, pero con mucho cuidado. Es la culminación de toda mi experiencia en el negocio inmobiliario, de mis viajes y mucha reflexión sobre cómo quiero vivir e intentar construir algo que sea una manifestación tangible de todo eso”. Era la isla de Sazan, en Albania, uno de los países con menos renta per cápita de Europa.
Una noche de aquel viaje de verano de 2021 invitaron al primer ministro de Albania, Edi Rama , al yate y poco después ya estaban discutiendo las posibilidades de inversión. Tres años después, el Gobierno de Albania aprobó el proyecto de Ivanka y Jared en zona protegida y Kushner publicó rápidamente en sus redes imágenes del futuro complejo turístico, tal y como hizo con sus sueños de convertir Gaza en la nueva Riviera.
Entre medias, tuvieron que aprobar una ley que permitiera excepciones a la construcción en terrenos bajo protección medioambiental y parques nacionales. En 2024, una nueva ley excluía de la prohibición las “estructuras de excelencia, cinco estrellas o más”. En resumen: prohibido construir a no ser que hagas un hotel de superlujo .
Entre 1946 y 1991, el dictador Enver Hoxha convirtió Sazan en una fortaleza militar inaccesible para defender al país de posibles ataques de la OTAN o el Pacto de Varsovia. Allí había unas 150 familias de militares y contaba con refugios antibombas, unos 16 kilómetros de túneles y unos 3.600 búnkeres. Según Kushner, algunas de estas estructuras de hormigón se conservarán y se integrarán en su gran proyecto inmobiliario.
Los flamencos estallan
El escándalo estalló cuando los albaneses descubrieron que la maquinaria pesada ya estaba operando en la otra parte del proyecto de Kushner y Trump, alojado en la zona protegida de Pishë Poro-Narta. Allí se produjeron el fin de semana pasado choques entre manifestantes y miembros de la seguridad privada del proyecto, que se llevaron a rastras a algunos de los activistas. Las imágenes desencadenaron protestas aún más grandes en la capital durante varios días.
Los manifestantes adoptaron el flamenco como símbolo en referencia a las aves que viven en esta zona protegida. En pocos días, la revolución de los flamencos ha conseguido que la Fiscalía Especial contra la Corrupción y el Crimen Organizado de Albania haya tenido que abrir una investigación formal del caso. Miles de albaneses han conseguido lo que ni siquiera la UE fue capaz de hacer. En su informe de 2026 de Albania, el Parlamento Europeo pidió explícitamente la suspensión de la polémica ley que permite construir en espacios protegidos. Por su parte, la Comisión Europea advirtió en mayo que estaba siguiendo de cerca el caso y recordó al Gobierno de Albania que para cerrar el capítulo 27 de las negociaciones de acceso, relativo a la regulación medioambiental, la UE tiene que probar que el país en cuestión puede gestionar áreas protegidas.
“Por lo general, el hecho de que los ricos puedan salirse con la suya se suele ocultar tras un discurso sobre el interés público, situaciones extraordinarias y cosas por el estilo. Que se establezca expresamente en la ley que los complejos turísticos de lujo están exentos es realmente sorprendente”, decía a la CNN Ariel Brunner , director para Europa de la organización BirdLife. “Este es uno de los textos legislativos más brutales que he visto en el ámbito medioambiental a lo largo de mi carrera”, aseguraba.
Mientras tanto, Rama, irritado por las protestas, insiste en que las obras aún no han empezado y que se realizará una evaluación de impacto medioambiental. “[El proyecto] no echará cemento sobre las cabezas de los flamencos”, sino que demostrará que el desarrollo urbanístico y la naturaleza “pueden coexistir”, se escudó. Sin embargo, según alertan las organizaciones ambientalistas que están siguiendo las obras, “el daño ecológico es grave y, en algunos casos, ya es irreversible ”.
Cómo Serbia expulsó a Kushner
Lo de Albania no es una excepción, es el modus operandi de Kushner y la familia Trump. El yernísimo ya puso la mira sobre los restos del histórico edificio del Ministerio de Defensa de Yugoslavia , destruido en el bombardeo ilegal de la OTAN en 1999. Las autoridades serbias habían decidido no restau…
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