El Indec acaba de confirmar lo que ya se sabía: abril también fue un mes difícil para la economía que se siente, vibra y experimenta en el día a día de la sociedad. Cayeron nuevamente tanto la construcción (-4% y -2,8%) como la industria -2,1% y -2,8%), en la serie intermensual e interanual, respectivamente. El dato oficial no tiene dobleces: es el que es.
Lo mismo había publicado Scentia sobre el consumo masivo: el volumen de ventas en unidades de los productos básicos el mes pasado fue 4,7% menor al de marzo y 3,8% más bajo que el de abril de 2025. Se consolidó así un primer cuatrimestre complejo para muchos sectores de la economía real.
Fuentes privadas referentes reportan lo mismo: caída acumulada del 15% en indumentaria, 11% en cines, 5,7% en las ventas de autos, 3,7% de contracción acumulada en las de cemento y 1,2% en las de combustibles, por citar solo algunos casos.
Otros datos oficiales que también genera el Indec dan cuenta del mismo fenómeno. Por ejemplo, en las ventas de shoppings (-5,7%) y en las de electrodomésticos (-16%). En ambos casos, variaciones acumuladas interanuales a valores comparables del primer trimestre –último informe oficial-. Poco probable que abril haya sido mejor.
A esta altura, los motivos para un “mercado frío” son harto conocidos : caída del salario real formal durante los últimos 7 meses, pérdida de puestos de trabajo en el sector privado formal, caída del ingreso disponible de las familias por suba de los costos fijos al retirarse los subsidios de la economía y el peso de las deudas que no se pueden pagar (11,5% de mora promedio en el sector bancario en marzo).
En su escenario base para este año, Ecolatina proyecta un crecimiento del PBI de 2,7%. Sin sobresaltos con el valor del dólar y con baja inflación: +31,5% interanual. El ingreso disponible de las familias dejaría de caer y crecería muy moderadamente: apenas 1%. ¿Qué nos dice todo eso? Previsible, proyectable y lento. No hay ninguna fiesta ni ningún boom en el horizonte de corto plazo.
Salvo para las irrupciones sorpresivas que desembarcan trayendo anheladas novedades que captan la atención y el bolsillo. Son las que están ganando rápidamente un espacio en el mercado por tener una propuesta muy equilibrada en su relación precio/prestación. Tanto física como simbólica.
En ese lote se destacan, sin dudas, los autos chinos, con BYD a la cabeza. También el retail accesible Miniso, Decathlon o lo que va a suceder cuando llegue H&M. Ahí sí hay “fiebre” y “locura”. Lo mismo sucedió con la película El Diablo viste a la Moda 2 (lleva casi 1,5 millones de espectadores) o los recitales tanto de artistas globales como locales.
Lo mismo sucede con la gran estrella del consumo: Mercado Libre. Sus ventas no paran de crecer. Y la compañía continúa ganando participación de mercado en los múltiples negocios en los que opera . Para tener ciertos parámetros: en el mundo el comercio electrónico hoy maneja alrededor de 2 de cada 10 dólares que se venden en todos los productos. Ese indicador se ha estabilizado en los últimos dos años.
En la Argentina sería la mitad: 1 de cada 10 pesos facturados por el total del comercio. En ambos casos, según los cálculos de la consultora internacional especializada e-Marketer . A nivel rubros, las performances son muy variadas.
Todo eso es muy probable que continúe ocurriendo porque el consumo no es cero ni mucho menos (nunca lo es), pero sí es sustancialmente menor que el que era, y además los consumidores están restringidos, acotados, controlados y muy selectivos .
Quiero insistir con mi análisis marco para este momento de la economía real: la etapa diagnóstica terminó. Esto “es lo que hay” .
En consecuencia, los interrogantes ya no son ninguno de los que nos acompañaron los últimos dos años. Ahora la pregunta es otra . Clara, contundente, firme, inequívoca y, sobre todo, proactiva: ¿qué hacemos con lo que pasa? Ya lo dijo el filósofo español José Ortega y Gasset, ese gran conocedor de la idiosincrasia nacional: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.”
Los mecanismos del deseo
Comencemos por el principio: el consumidor estoico , frugal, prudente, sensato, es el arquetipo dominante de “la era Milei” . Surgido bajo el dogma del “no hay plata” y la iconografía de la motosierra, se ha transformado en el nuevo ser y hacer del mercado argentino. En el zeitgeist , “el signo de los tiempos”.
Para movilizar a voluntades férreas hay que convocar a su contracultura. Aquello que las puede hacer dudar y hasta flaquear. A la hora de doblegar el espíritu estoico emerge un antídoto natural: el deseo.
Deseo es un término que proviene del latín desidium , palabra que deriva de otra estrechamente vinculada: desiderare . Dicho vocablo tiene, per sé , un significado que ya le pone magia y encanto al corpus de sentido sobre el que se construyó el concepto. Desiderare significaba originalmente “echar de menos una estrella” o “dejar de ver una estrella”. Ese era el sentimiento que los nave…
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