Las barrancas del río Paraná dibujan uno de los paisajes más emblemáticos de Corrientes. Allí, en Empedrado, donde predominan la ganadería, los cítricos y las producciones tradicionales del nordeste argentino, comenzó a crecer un cultivo que hasta hace pocos años parecía impensado para la región: el café. Detrás de esa apuesta se encuentra la familia Muollo, propietaria del establecimiento La Nina, que decidió desafiar los límites productivos tradicionales de la provincia y avanzar con un proyecto que aspira a alcanzar 100 hectáreas de café de especialidad.
La iniciativa nació de una manera tan singular como inesperada. No surgió de un estudio de mercado ni de una recomendación técnica. Tampoco de una tendencia internacional. El disparador fue una telenovela.
“Soy tercera generación de productores hortícolas, pero lo que me llevó a plantar café fue mi mujer Nina y mi hija Rocío, que se enamoraron de la novela colombiana ‘Café con aroma de mujer’ y me insistieron para que pusiera plantaciones de café”, contó Claudio Muollo a LA NACION.
A partir de esa idea familiar comenzó una investigación que terminó transformándose en un ambicioso emprendimiento productivo. “Nina tiene un amor muy grande por su tierra y me llevó a emprender este proyecto. Así nace este emprendimiento único en la provincia”, relató.
Muollo nació en Buenos Aires, pero su vínculo con Corrientes lleva décadas. “Me casé con una correntina hace 30 años”, explicó. La historia productiva de la familia viene de mucho antes. “Crecí en la parte productiva con mi abuelo que ya estaba en la producción de frutas y verduras”, recordó. Fue justamente esa experiencia la que le permitió identificar el potencial de Empedrado para desarrollar nuevas actividades. “Encontramos una franja muy productiva, que es la parte de lomas de Empedrado, con muchas posibilidades y futuro, desde mi experiencia en lo que es la fruticultura ”, señaló.
En el establecimiento La Nina, el ministro de Producción de Corrientes, Walter Chávez, y los Muollo, Nina, Rocío y Claudio El proyecto productivo que desarrollaron en “Establecimiento La Nina” comenzó hace una década y hoy ocupa unas 170 hectáreas con distintos cultivos. La diversificación fue el eje de la estrategia. Primero llegaron las limas Tahití. Luego las paltas Hass. Más tarde se sumaron limones, papayas, maracuyá, pomelos y naranjas. “Arrancamos con este proyecto con 30 hectáreas de lima Tahití y tenemos otras 30 de palta Hass. También contamos con 70 hectáreas de limones”, detalló.
La familia Muollo desarrolla café de especialidad en Empedrado y apuesta a completar todo el proceso, desde el cultivo hasta el tostado y la venta La empresa también logró posicionarse como uno de los principales referentes nacionales en otro cultivo poco habitual. “Somos los principales productores de papaya del país, con 25 hectáreas”, destacó.
El caso del café
La incursión en el café llegó más tarde. Comenzaron a producir plantines propios y a incorporar material genético proveniente de Tucumán hace tres años. Actualmente, cuentan con cinco hectáreas implantadas en total con siete variedades distintas de café arábica: “En cinco hectáreas tenemos plantaciones de café de especialidad. Este próximo año plantaremos otras 25”, indicó.
El establecimiento reúne hoy unas 5000 plantas de café distribuidas bajo un sistema productivo especialmente diseñado para las condiciones de la región. La particularidad es que estas plantas no crecen a pleno sol. Por eso, los Muollo eligieron utilizar papayas como cultivo acompañante para brindar sombra natural. La elección responde a este requerimiento fundamental del cultivo.
El técnico del Ministerio de Producción, Sebastián Sáez, explicó que la iniciativa surgió a partir de experiencias observadas en Brasil “Pusimos las plantas de café debajo de las de papaya para que les dé la sombra. Ese es el método que utilizamos. La planta de café necesita sombra para poder crecer”, señaló. Contó que algunos producen en zonas de bosque o bajo plantas de cañas de azúcar o de maíz.
Además, toda la superficie cuenta con riego por goteo y sistema de mulching [técnica que consiste en cubrir la superficie de la tierra, alrededor de las plantas, con una capa de material protector], una combinación poco frecuente incluso en otras regiones cafeteras. “En la Argentina somos los únicos que tenemos riego porque vale US$3500 la hectárea de riego por goteo, sumado a un sistema de mulching”, afirmó.
La inversión fue significativa, pero la familia considera que el potencial del proyecto justifica el esfuerzo. La primera cosecha comercial está prevista para 2027: “El año que viene ya estamos cosechando”. Sin embargo, antes de definir la expansión definitiva, la empresa espera conocer un dato clave: la calidad de taza que tendrá el café correntino. “Lo que estamos esperando es cosechar el grano para ver la calidad de taza que tenemos. Eso no es menor”, sostuvo.
Los Muollo son pioneros en varios cultivos y ahora avanzan con un proyecto…
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