Como la mayor parte de pogromos que tuvieron lugar en los reinos cristianos durante el medievo o los ejecutados con inusitada violencia en la Europa de los años 30 y 40 del siglo pasado, también el asesinato masivo de judíos del 7 de octubre de 2023 sorprendió con la guardia baja a los ciudadanos israelíes y al mismísimo Gobierno hebreo.
Aquella mañana, en torno a las 6.30 h., Eli Sharabi (Tel Aviv, 1972) , que residía en el kibutz Be'eri, a menos de cinco kilómetros de la frontera con Gaza, se preparaba con su esposa y sus dos hijas para celebrar la festividad judía de Simjat Torá . Cuando escuchó disparos y la llegada de los terroristas, apenas le dio tiempo a reaccionar, como al resto de sus vecinos, y se encerró con su familia en la habitación de seguridad que tienen todas las casas en Israel , un país que no ha dejado de estar amenazado desde la proclamación de su independencia en 1948.
"Decenas de terroristas habían entrado en el kibutz e iban casa por casa forzando los refugios, pero el Ejército israelí no aparecía por ninguna parte", explica a Crónica durante su reciente visita a Madrid . Llevaban refugiados unas cuatro horas cuando los asaltantes entraron en su casa. "Los cinco terroristas que irrumpieron en el refugio no estaban solos. Había otros cinco, además de un comandante que ladraba órdenes. Eran operativos profesionales, cuidadosos, sabían exactamente lo que hacían . Me llevaron por la fuerza hasta la puerta principal, con la cabeza inclinada. Cuando consigo levantarla un instante y echar un vistazo, veo mi hermoso kibutz reducido a un paisaje de carnicería. Las casas de nuestros vecinos estaban ardiendo". Atrás quedaron su mujer, Lianne, y sus dos hijas, Noiya, de 16 años, y Yahel, de 13 .
Para saber más
Tras golpearlo en la cabeza y las costillas, lo subieron a un vehículo. "La valla del extremo noreste del kibutz estaba completamente abierta. De pie, había un hombre que parecía un jefe de tráfico, dirigiendo los movimientos. A diferencia de los demás, no llevaba la cara cubierta. Tenía un papel. No era un simple terrorista: era un administrador. Dentro de aquella locura asesina había un orden, un plan" .
No le falta razón a Sharabi. Existen ya numerosos indicios para pensar que el ataque fue instigado por el régimen islamista de Irán, coordinado por la milicia libanesa de Hezbolá y ejecutado por el grupo terrorista palestino Hamas . Una estrategia preparada al detalle durante meses para provocar la mayor aniquilación de judíos desde el Holocausto: 1.163 asesinados, 4.834 heridos y 251 secuestrados.
Eli Sharabi era uno de estos últimos. Entonces no podía imaginar que tendrían que pasar 491 días antes de recobrar la libertad , pero por el trato que le daban sus secuestradores, supo desde el primer día que no querían asesinarlo, que lo mantendrían con vida para poder intercambiarlo en una tregua de la guerra que acaba de comenzar. Porque aunque aquel 7 de octubre el Ejército israelí tardó en reaccionar , la respuesta impulsada por el Gobierno de Benjamin Netanyahu se acabó convirtiendo en uno de los conflictos más violentos de los que se recuerdan en la región.
Eli Sharabi, el pasado miércoles 3 de junio en Madrid, antes de lapresentación de su libro 'Rehén', donde cuenta su experiencia personal. Sergio González Valero
Nada más bajar del coche, ya en Gaza, una multitud se abalanzó sobre él. "Empezaron a golpearme la cabeza, a gritar, a maldecirme a intentar arrancarme miembro a miembro. Mi corazón latía con fuerza, tenía la boca seca, apenas podía respirar". Fue su primera experiencia como víctima de un visceral odio antisemita . Y lo vivió como una constante amenaza durante los largos días de su cautiverio. "Nos odiaban sólo por ser unos cerdos judíos y nos trataban con desprecio. En todo ese tiempo, no me encontré a nadie en Gaza que fuese amable o compasivo con nosotros. Por eso, cuando los medios de comunicación hablan de los civiles inocentes, no sé a qué se refieren ".
Sharabi estuvo más de 50 días en casas particulares, desde cuyas azoteas se lanzaban obuses y donde vivían familias de civiles, «que colaboraban con los terroristas». A ellas se llegaba a través de la extensa red de túneles que existían bajo toda la Franja . "Cada vez que entrábamos o salíamos de los túneles lo hacíamos por una vivienda, un hospital, una mezquita o una escuela".
HACIA LA OSCURIDAD
En esos primeros días, Sharabi tenía una esperanza y un temor. La esperanza era la de volver a ver con vida a su mujer y a sus hijas . Para ello, se propuso que su único objetivo sería el de sobrevivir, no ponerse nunca en riesgo, ni abandonarse al abatimiento. El temor, que le provocaba pesadillas nocturnas, era el de acabar en el interior de los túneles , que tantas veces había visto por televisión y cuya intensa oscuridad le provocaba un terror que lo paralizaba.
Y allí le condujeron enseguida, con varios rehenes más que habían sido secuestrados en el Festival Nova, celebrado en el desierto del Neguev , a pocos kilómetro…
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