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La autora de esta columna comenta el resultado de la primera vuelta presidencial en Colombia, y sostiene que aunque el candidato opositor Abelardo De la Espriella logró imponerse sobre el oficialista Iván Cepeda Castro, los datos sugieren una realidad más compleja. La consolidación del voto opositor, las dificultades del gobierno para ampliar sus alianzas y el creciente descontento ciudadano configuran un escenario donde la segunda vuelta no solo definirá un presidente, sino también el alcance y la estabilidad del proyecto político iniciado por Gustavo Petro.
Imagen de portada: Gustavo Petro, presidente de Colombia, en su vista a Chile en 2025 (Víctor Huenante / Agencia Uno)
La primera vuelta presidencial en Colombia dejó una pregunta abierta: ¿el país está girando hacia la derecha o estamos frente a un voto de desencanto hacia el gobierno actual? Una respuesta parece sugerir que hay un poco de ambas. Con el 43,74% de los votos, Abelardo De la Espriella, candidato del movimiento Defensores de la Patria, logró imponerse sobre Iván Cepeda Castro, candidato oficialista del Pacto Histórico, que obtuvo el 40,09%. La diferencia apenas de tres puntos porcentuales, aunque estrecha, es suficiente para instalar una narrativa que marcará las próximas semanas: la posibilidad de una alternancia política después del primer gobierno de izquierda en la historia reciente de Colombia. Sin embargo, interpretar estos resultados únicamente como un giro ideológico hacia la derecha podría resultar apresurado .
Aunque la elección contó con 11 candidaturas presidenciales, la competencia terminó concentrándose en dos proyectos políticos claramente enfrentados. La fragmentación inicial dio paso a una fuerte polarización entre quienes buscan la continuidad del proyecto político del Pacto Histórico, y quienes ven en De la Espriella una alternativa frente al actual gobierno. Las opciones de centro quedaron relegadas, aunque sus resultados podrían resultar decisivos en la segunda vuelta. Paloma Valencia candidata del centro democrático obtuvo un 6,92%, mientras que Sergio Fajardo alcanzó el 4,26%. Se trata de un caudal electoral que hoy queda en libertad de optar por cualquiera de las dos candidaturas o por el voto en blanco, una alternativa simbólica, pero sin efectos prácticos en segunda vuelta presidencial.
Una de las explicaciones del resultado radica en la capacidad del candidato De la Espriella para consolidar el electorado de derecha. Durante los últimos meses de campaña, las encuestas mostraron un crecimiento sostenido de su candidatura , quitándole votos principalmente a la candidata Paloma Valencia, quien llegó a registrar porcentajes cercanos al 20% en algunos sondeos durante los primeros meses del año y obtuvo finalmente un 6,92% en las urnas. Parte de ese electorado parece haberse concentrado estratégicamente en la candidatura con mayores posibilidades de disputar el liderazgo electoral, en una lógica de voto útil frente al candidato oficialista, que encabezaba las encuestas en primera vuelta.
A esta explicación se suma el aumento de la participación electoral. Mientras en la primera vuelta presidencial de 2022 votó el 54,56% del padrón electoral, en 2026 la participación alcanzó el 57,88% . Aunque todavía es temprano para determinar con precisión el comportamiento de esos nuevos votantes, los resultados sugieren que el incremento en la participación benefició principalmente a la oposición y a sectores de centro- derecha, mientras que el oficialismo mostró un crecimiento más limitado.
Interpretar estos resultados únicamente como un avance ideológico de la derecha sería una lectura incompleta . Los datos muestran también señales de desgaste del oficialismo. La seguridad, la crisis del sistema de salud, las denuncias por corrupción y la dificultad para construir acuerdos con sectores de centro se han convertido en preocupaciones clave para una parte importante del electorado. En este contexto, De la Espriella logró capitalizar un voto crítico que no necesariamente expresa adhesión ideológica a la derecha, sino descontento con la gestión gubernamental.
Esta lectura resulta especialmente relevante porque el oficialismo enfrenta dificultades para atraer a sectores de centro de cara a esta segunda vuelta. La limitada incorporación de fuerzas de centro a la coalición gobernante durante los últimos años ha reducido los márgenes de crecimiento electoral de Cepeda Castro precisamente en un momento en que esos votos podrían definir el resultado final, tal cual como ocurrió en las elecciones de 2022, cuando la campaña de Gustavo Petro buscó atraer al centro con el discurso del cambio, que posteriormente no incorporó plenamente a su gestión gubernamental.
El mapa electoral también aporta elementos importantes en la configuración del voto en Colombia. A pesar de la ventaja obtenida por la derecha, no se observa una transformación radical respecto a las elecciones anteriores. Los departamentos periféricos continúan mostr…
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