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COSports3 days ago

Colombia in the geopolitics of the World Cup

The article discusses the geopolitical significance of the FIFA World Cup, particularly focusing on its role beyond sports. It highlights how the event serves as a platform for international diplomacy, national image-building, and competition among governments, corporations, and international organizations. The article notes that while the World Cup provides a temporary distraction from political tensions, it also reflects broader power dynamics within the global system. It mentions FIFA's growing influence, citing the massive viewership of past tournaments.

Daniel Arias Rivera, abogado y psicólogo de la Universidad de Los Andes especializado en forense.

Rodó el balón en Ciudad de México y comenzó la Copa Mundial de la Fifa 2026. Para millones de personas, el torneo representa una oportunidad para rebajar la tensión política y social que atraviesan sus países. En Colombia, donde la discusión pública gira hoy alrededor de la elección presidencial y sus consecuencias, el Mundial ofrece una pausa temporal para concentrarse en el juego, la pelota y noventa minutos de incertidumbre.

Sin embargo, detrás del espectáculo deportivo se esconde una realidad política compleja. El fútbol es hoy uno de los escenarios donde se expresan las disputas de poder del sistema internacional. Lo que ocurre dentro de la cancha importa, pero lo que sucede fuera de ella suele ser aún más revelador. Los Mundiales son vitrinas de prestigio, instrumentos de diplomacia pública, mecanismos de construcción de imagen nacional y espacios donde gobiernos, empresas y organizaciones internacionales compiten por influencia.

La Fifa se ha convertido en uno de los actores no estatales más poderosos del planeta. Su capacidad para movilizar audiencias globales supera a la de muchas organizaciones internacionales. La final de Catar 2022 fue vista por alrededor de 1.500 millones de personas y la edición de 2026 aspira a romper todos los récords de ingresos y espectadores.

Por eso, los Estados invierten enormes recursos para albergar estos eventos. Catar utilizó el Mundial de 2022 como una herramienta de poder blando para proyectarse internacionalmente, diversificar su economía y consolidarse como actor relevante en Oriente Medio. El torneo permitió que un pequeño emirato del Golfo (once mil kilómetros cuadrados) se instalara durante semanas en el centro de la conversación global. Al mismo tiempo, evidenció los cuestionamientos sobre derechos humanos, condiciones laborales y la creciente influencia de los Estados del Golfo en la gobernanza del fútbol mundial.

La edición de 2026 tampoco escapa a las tensiones geopolíticas. La presencia de Irán coincide con un momento de alta conflictividad en Oriente Medio, mientras que la exclusión de Rusia por la guerra en Ucrania refleja cómo las decisiones deportivas están cada vez más conectadas con los conflictos internacionales. La FIfa continúa promoviendo una narrativa de unidad universal, pero el Mundial sigue siendo un espejo de las fracturas políticas del mundo contemporáneo.

Tampoco es casualidad que Estados Unidos haya recuperado un papel central en el fútbol global. El Mundial de 2026 constituye una oportunidad para reforzar su liderazgo deportivo, económico y cultural. La administración de Donald Trump ha entendido el valor político de un evento que atraerá la atención del planeta durante varias semanas. Por su parte, Gianni Infantino ha buscado acercarse a Washington y mantener una relación privilegiada con la Casa Blanca, una muestra de cómo la FIfa depende cada vez más de los grandes centros de poder económico y político.

¿Y dónde queda Colombia en este tablero?

Aunque solemos pensar el fútbol únicamente desde el rendimiento deportivo, Colombia comprendió hace décadas la importancia de participar en esta conversación global. El país ha organizado tres eventos oficiales de la FIfa: la Copa Mundial Sub-20 masculina de 2011, la Copa Mundial de Futsal de 2016 y la Copa Mundial Sub-20 femenina de 2024. Estas competencias permitieron mostrar capacidad organizativa, proyectar una imagen internacional positiva y fortalecer relaciones con distintos actores del ecosistema futbolístico.

Sin embargo, nuestras ambiciones han encontrado límites evidentes. Colombia intentó convertirse en sede de la Copa Mundial masculina de 2014, pero fue superada por Brasil. Más recientemente, también aspiró a organizar la Copa Mundial Femenina de la FIfa, candidatura que igualmente terminó derrotada por la propuesta brasileña. En ambos casos, el resultado fue similar: reconocimiento regional, pero insuficiente capacidad política, económica y diplomática para imponerse en la competencia global.

Esa realidad ofrece una lección interesante sobre la posición internacional del país. En materia futbolística, como ocurre en otros ámbitos de la política exterior, Colombia posee suficiente relevancia para ser considerada dentro de América Latina, pero no suficiente influencia para definir las grandes decisiones del sistema. Participamos, organizamos y competimos, pero rara vez fijamos la agenda.

Aunque Colombia tampoco parte de cero en esta competencia por influencia. La organización exitosa de torneos internacionales, la presencia constante de jugadores colombianos en las principales ligas del mundo y el creciente peso comercial de su mercado futbolístico han construido un capital reputacional que podría aprovecharse mejor. Mientras países como Catar, Marruecos o Arabia Saudita han convertido el fútbol en una herramienta explícita de política exterior, Colombia sigue viendo estos e…

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La Silla VacíaIndependentCenter3 days ago
Colombia in the geopolitics of the World Cup

The article discusses the geopolitical significance of the FIFA World Cup, particularly focusing on its role beyond sports. It highlights how the event serves as a platform for international diplomacy, national image-building, and competition among governments, corporations, and international organizations. The article notes that while the World Cup provides a temporary distraction from political tensions, it also reflects broader power dynamics within the global system. It mentions FIFA's growing influence, citing the massive viewership of past tournaments.

Bias read (Center): The article presents a general overview of the geopolitical aspects of the FIFA World Cup without taking a stance on any specific political issue. It focuses on the event's role in international relations and does not favor any particular ideology or political group.