El sábado, durante la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, el arzobispo Dražen Kutleša de Zagreb pronunció una homilía en el Santuario Nacional de la Madre de Dios Bistrica, enfatizando el significado espiritual de la celebración y reflexionando sobre el estado de la sociedad moderna. El sermón, que atrajo a grandes multitudes de fieles, se centró en el mensaje de esperanza y el valor perdurable de la vida humana frente a las incertidumbres existenciales. En su discurso, Kutleša destacó la paradoja de la existencia contemporánea: mientras que los individuos modernos poseen conocimientos y capacidades tecnológicas sin precedentes, muchos permanecen inciertos sobre su propósito y el significado de sus vidas.
Señaló que aunque la tecnología ha conectado a las personas más que nunca, muchas experimentan una profunda soledad. En este contexto, argumentó que la Asunción de María ofrece una respuesta divina a la pregunta más profunda de la humanidad, si existe una vida que la muerte no puede destruir. Según Kutleša, la ascensión de María al cielo afirma que los humanos son creados para la eternidad, no para el olvido. Su viaje no termina con la muerte, sino que continúa ante el rostro de Dios que los ama. Explicó además que la fiesta de la Asunción no es simplemente una celebración de María, sino también una reflexión sobre la identidad de cada individuo.
Basándose en el Libro de Apocalipsis, que describe a una mujer vestida con el sol y coronada con doce estrellas, Kutleša interpretó esta figura como María y la Iglesia misma, la encarnación del ser y la realización más íntima del creyente. Instó a los oyentes a regresar a la verdad bíblica fundamental de que Dios creó a los humanos a su imagen, no como meros puntos de datos o algoritmos, sino como personas con dignidad y propósito. Esto, enfatizó, es el fundamento sobre el que descansa la fe cristiana. Kutleša también abordó la condición espiritual de Europa, señalando su riqueza, organización y logros intelectuales. Sin embargo, advirtió que el continente enfrenta una profunda crisis de esperanza.
Describió la pérdida de la visión hacia el cielo como un problema creciente, que debilita la confianza en la vida, la familia, el futuro y la responsabilidad mutua. Destacó que cuando las personas pierden su conexión con lo divino, comienzan a perder su conexión con la tierra misma. Sin esperanza, las sociedades corren el riesgo de convertirse en prisioneras del miedo y el aislamiento. Hizo una clara distinción entre optimismo y esperanza.
Kutleša concluyó que sin esperanza, las comunidades pueden caer fácilmente en la desesperación y la desconexión. El arzobispo también habló del fenómeno de "sin hogar espiritual", un término que usó para describir a las personas que, a pesar de la comodidad material y las conexiones sociales, sufren de una falta de significado y pertenencia más profundos.
Kutleša señaló que millones de personas en todo el mundo visitan los santuarios marianos, incluidos los de Lourdes, Fátima, Loreto y Bistrica, buscando no solo experiencias religiosas, sino un lugar de refugio. Observó que nuestra era ha producido un nuevo tipo de pobreza, que no se mide en la privación material, sino en la pérdida de raíces espirituales e identidad cultural. Instó a los creyentes a reconocer que la verdadera satisfacción no proviene solo del éxito personal, sino de vivir con propósito, amor y fidelidad, y finalmente morir con esperanza. Su mensaje resonó profundamente con la multitud reunida, muchos de los cuales habían viajado largas distancias para participar en la solemne celebración.
Kutleša recordó que la fiesta de la Asunción no era solo un evento histórico, sino una llamada continua a redescubrir las dimensiones sagradas de la existencia humana.
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