La jueza mexicana jubilada Emilia Molina ha advertido que las nuevas directrices federales destinadas a proteger los derechos de la audiencia se enfrentarán a numerosos desafíos legales a través de demandas de amparo, que cree que serán difíciles de ganar debido a las recientes reformas judiciales y dinámicas políticas. Molina, que anteriormente se desempeñó como presidenta de la Asociación Mexicana de Jueces y también es profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), expresó su preocupación durante una entrevista con El Universal sobre el intento del gobierno de regular la libertad de expresión.
Molina criticó las directrices por contener ambigüedad y discreción significativas, permitiendo al gobierno determinar qué información se considera verdadera. Esto, argumentó, socava los principios constitucionales y los tratados internacionales. Molina enfatizó que las directrices corren el riesgo de violar el bloqueo constitucional, incluidos los acuerdos internacionales que México ha ratificado. Predijo una afluencia de desafíos legales contra las directrices, pero advirtió que las recientes reformas judiciales han debilitado significativamente la independencia de los jueces de distrito y la Corte Suprema.
En consecuencia, las demandas de amparo que buscan revocar las directrices probablemente fracasarán. Molina cuestionó si las directrices abordan efectivamente problemas como la desinformación. Aunque reconoció la complejidad de identificar noticias falsas en la era de la inteligencia artificial y las redes sociales, enfatizó que el papel del estado no debería ser regular el contenido sino garantizar la máxima transparencia en sus operaciones. Señaló que las prácticas actuales implican retener información bajo varias justificaciones, creando un vacío de transparencia en lugar de uno legal.
Destacó la eliminación del Instituto Nacional de Transparencia (INAI) y la falta de independencia judicial como factores que contribuyen a esta situación. Estos problemas, señaló, crean un escenario en el que no hay un marco legal claro, pero una falta de apertura en la gobernanza. Molina abordó las preocupaciones sobre posibles violaciones constitucionales dentro de las directrices, particularmente con respecto a las sanciones.
La reforma constitucional de 2011 introdujo el principio de regularidad constitucional, que requiere que todas las acciones gubernamentales cumplan con los estándares constitucionales y las obligaciones internacionales.
La controversia en torno a las directrices refleja las tensiones más profundas en la sociedad mexicana con respecto al papel del Estado en la regulación de la información y la garantía de la rendición de cuentas.
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