Un nuevo estudio ha revelado que algunos terremotos provocados por la fracturación hidráulica, comúnmente conocida como fracking, pueden ser precedidos por grupos de temblores más pequeños, ofreciendo posibles advertencias tempranas. Sin embargo, otros casos no muestran tales temblores previos, lo que dificulta la predicción. La investigación, realizada durante una década de actividad sísmica en el oeste de Canadá, destaca la compleja relación entre las prácticas de inyección de fluidos y la probabilidad de temblores previos antes de los terremotos inducidos mayores. Entre 2014 y 2024, los científicos recopilaron datos sobre aproximadamente 70,000 terremotos registrados en el oeste de Canadá, identificando 77 terremotos de magnitud 3 o más relacionados con operaciones de fracturación hidráulica.
De estos, se encontró que 71 fueron precedidos por temblores más pequeños dentro de un período de cinco días y un radio de cinco kilómetros del evento principal. Sin embargo, seis de los terremotos ocurrieron sin ningún tipo de temblores previos detectables durante este período de tiempo. El estudio sugiere que, si bien la inyección de fluidos juega un papel en el desencadenamiento de terremotos, no solo determina si ocurrirán temblores previos. Los investigadores examinaron múltiples factores, incluida la velocidad y el volumen de fluido inyectado en el subsuelo, junto con los datos satelitales que rastrean la deformación del suelo y otros indicadores geológicos.
El estudio delineó tres mecanismos principales a través de los cuales la inyección de fluidos puede contribuir a terremotos más grandes. En primer lugar, puede inducir movimientos lentos e imperceptibles a lo largo de las fallas que debilitan el área destinada a la ruptura principal. En segundo lugar, puede inducir movimientos lentos e imperceptibles a lo largo de las fallas que debilitan el área destinada a la ruptura principal.
En segundo lugar, podría aumentar la presión sobre las secciones adyacentes de roca que de otro modo están bloqueadas en su lugar. En tercer lugar, puede iniciar una reacción en cadena de terremotos más pequeños que colectivamente acumulan estrés hasta que ocurre un evento más grande. Estos hallazgos desafían los marcos regulatorios existentes utilizados para administrar los riesgos asociados con el fracking. Los protocolos actuales de "luz de tráfico", que dictan cuándo detener o reducir la inyección de fluidos en función de la actividad sísmica, a menudo se aplican de manera uniforme en diferentes regiones. Los investigadores argumentan que dichos protocolos deben adaptarse a condiciones geológicas específicas.
Se recomienda la incorporación de datos sísmicos y geodésicos en tiempo real, junto con modelos basados en la física que predicen cómo podrían comportarse las fallas bajo diferentes niveles de presión de fluido, en los procesos de toma de decisiones. Las implicaciones de esta investigación se extienden más allá del interés académico. Para las comunidades que viven cerca de sitios de fracking activos, comprender la variabilidad en la ocurrencia de foreshock podría conducir a mejores estrategias de preparación. Si se sabe que ciertas áreas carecen de foreshocks, la planificación de emergencia y el diseño de infraestructura necesitarían tener en cuenta la posibilidad de terremotos repentinos e impredecibles.
De manera similar, los operadores involucrados en la fracturación hidráulica pueden beneficiarse de adaptar sus parámetros operativos a las condiciones locales de falla, lo que podría reducir el riesgo de inducir terremotos dañinos. El autor principal del estudio enfatizó la importancia de integrar las evaluaciones geológicas regionales en las directrices regulatorias. Al hacerlo, las autoridades podrían desarrollar medidas más efectivas para mitigar los riesgos planteados por la sismicidad inducida. Tal enfoque requeriría una colaboración continua entre geólogos, ingenieros, reguladores y comunidades locales para garantizar que las normas de seguridad evolucionen en respuesta a los conocimientos científicos emergentes.
Se necesita más investigación para validar estas conclusiones en otros contextos geográficos y para refinar modelos predictivos. A medida que la demanda global de combustibles fósiles continúa impulsando la expansión de las actividades de fracking, la capacidad de anticipar y administrar los riesgos sísmicos inducidos se vuelve cada vez más crítica. Los hallazgos subrayan la necesidad de un enfoque matizado y localizado para administrar los desafíos ambientales y de seguridad pública asociados con la fracturación hidráulica.
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