Vladimir Putin se está preparando para una gran movilización en el otoño, según múltiples fuentes, incluidos los medios estatales rusos, analistas independientes y observadores occidentales. La medida se produce en medio de crecientes preocupaciones sobre la capacidad de Rusia para sostener su esfuerzo de guerra contra Ucrania, con informes que indican que el país se enfrenta a una escasez crítica de tropas. Según los medios controlados por el estado ruso, el número de soldados necesarios para la guerra ha aumentado significativamente, y algunas estimaciones sugieren que se requieren al menos 400,000 tropas adicionales a fines de 2026 o principios de 2027.
Esto marcaría el sexto año del conflicto, que comenzó en febrero de 2022, y señala una crisis cada vez más profunda en las capacidades militares de Rusia. Se espera que la movilización potencial tenga lugar después de las elecciones parlamentarias de septiembre, para las que Putin está haciendo una fuerte campaña. Los medios estatales ya han comenzado a moldear la percepción pública, enfatizando la necesidad de la unidad nacional y retratando la guerra como una lucha por la supervivencia. En un caso, una comisión gubernamental eliminó al partido de oposición Yabloko de la boleta electoral, mientras que otros candidatos independientes se enfrentaron a restricciones similares.
Muchos ciudadanos, especialmente en áreas económicamente desfavorecidas, están preocupados por el impacto del servicio obligatorio en sus medios de vida. Los informes indican que las empresas y los trabajadores del sector privado se resisten a la convocatoria debido a temores de escasez de mano de obra. Algunas personas incluso han huido del país para evitar el servicio militar obligatorio, temiendo repercusiones legales por negarse a servir.
Además, los ataques en curso contra la infraestructura rusa, particularmente las instalaciones de energía y combustible, han causado una interrupción generalizada, exacerbando la frustración pública. Estos ataques han llevado a cortes de energía y escasez de combustible, complicando aún más los esfuerzos para mantener el esfuerzo de guerra. La situación se ve agravada por la creciente efectividad de los contraataques ucranianos. Los recientes ataques contra las refinerías de petróleo rusas y los depósitos de almacenamiento han interrumpido las cadenas de suministro, contribuyendo a la inflación y la inestabilidad económica. Como resultado, Rusia ha intensificado su ataque a los puertos ucranianos, con el objetivo de interrumpir las exportaciones de granos y debilitar la economía de Ucrania.
Según los datos publicados por el Banco Mundial, Ucrania ha generado más de 12 mil millones de dólares en ingresos por exportación solo de las ventas de granos en los primeros seis meses de 2026. Esto subraya la importancia estratégica de estos puertos para ambas naciones. Mientras tanto, las evaluaciones de inteligencia sugieren que Rusia confía en su capacidad para continuar la guerra sin un apoyo externo significativo. Los analistas creen que Estados Unidos y los aliados europeos no podrán proporcionar suficiente armamento avanzado, como el sistema de misiles Patriot, para compensar completamente los avances rusos.
Según los informes del Instituto para el Estudio de la Guerra, las fuerzas rusas son propensas a atacar los sistemas de suministro de agua en las principales ciudades, con el objetivo de paralizar los centros urbanos y obligar a las poblaciones civiles a reubicarse. Esta estrategia se alinea con los esfuerzos más amplios para desestabilizar la cohesión interna de Ucrania. Los funcionarios rusos han negado consistentemente los rumores de una movilización inminente, descartándolos como "provocaciones" orquestadas por Ucrania. El ex presidente Dmitry Medvedev ha criticado públicamente tales afirmaciones, llamándolas información falsa diseñada para socavar la moral.
Sin embargo, fuentes independientes sugieren que el Kremlin está explorando métodos alternativos para reforzar el número de tropas, incluido el aprovechamiento de las poblaciones de prisioneros y el fomento del alistamiento voluntario a través de incentivos financieros. A pesar de estos esfuerzos, el ritmo de reclutamiento sigue siendo insuficiente para cumplir con los requisitos operativos, lo que plantea dudas sobre la viabilidad a largo plazo de la campaña militar de Rusia. A medida que el conflicto entra en su séptimo año, las apuestas para todas las partes siguen siendo extremadamente altas. El resultado de esta movilización potencial podría determinar la trayectoria de la guerra, con implicaciones que se extienden más allá de las operaciones militares en las esferas política y económica de ambos países.
Con el aumento de las tensiones y la incertidumbre que rodea el futuro del conflicto, los próximos meses serán cruciales para dar forma al curso de esta prolongada confrontación.
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