Un artículo de Nature revela que Chaco promovió la deforestación ilegal de bosques nativos durante 15 años
Un estudio científico publicado en la revista Nature esta semana reveló que la provincia del Chaco en Argentina promovió la deforestación ilegal de bosques nativos durante un período de 15 años a través de seis estrategias administrativas. Estas estrategias incluyeron medidas legales que redujeron las protecciones para áreas forestales conservadas, beneficiando a las industrias agrícolas, ganaderas y relacionadas con la madera. Investigadores de CONICET y el Julius Kühn-Institut en Alemania identificaron estas tácticas en múltiples administraciones, incluidas las lideradas por Jorge Capitanich (PJ), Juan Carlos Bacileff Ivanoff (PJ), Domingo Peppo (PJ) y Leandro Zdero (UCR). El estudio destaca que la deforestación del Gran Chaco, un vasto bosque seco que abarca Argentina, Bolivia y Paraguay, se describe como una política estatal que trasciende a los partidos políticos. Entre 1985 y 2020, se perdió casi el 30% del Gran Chaco, con Argentina perdiendo 10.3 millones de hectáreas, casi el equivalente al tamaño de la provincia de Santa Fe de Buenos Aires. Otro estudio de la Universidad de Delight identificó estas tácticas en múltiples administraciones, incluidas las lideradas por Jorge Capitanich (PJ), Juan Carlos Bacileff Ivanoff (PJ), Domingo Peppo (PJ) y Leandro Zdero (UCR).
Un estudio científico publicado esta semana en Nature ha revelado que la provincia del Chaco promovió sistemáticamente la deforestación ilegal de bosques nativos durante un período de 15 años a través de estrategias administrativas que socavaron las protecciones ambientales. La investigación, basada en análisis geográficos y datos oficiales obtenidos a través de solicitudes de información pública, descubrió seis tácticas administrativas utilizadas por los gobiernos locales para facilitar la deforestación y reducir la protección de las áreas forestales nativas. Estas acciones tenían como objetivo apoyar a las industrias agrícolas, ganaderas y relacionadas con la madera.
La investigación fue realizada por los biólogos Matías Mastrangelo y Sebastián Aguiar de CONICET, junto con la científica ambientalista Vera Krause del Julius Kühn-Institut en Alemania. Según sus hallazgos, entre 2009 y 2024, las administraciones dirigidas por tres diferentes gobernadores del Partido Justicialista (PJ), Jorge Capitanich, Juan Carlos Bacileff Ivanoff y Domingo Peppo, así como uno de la Coalición Cívica Unida (UCR), Leandro Zdero, implementaron políticas que efectivamente permitieron la deforestación a gran escala. Estas medidas incluyeron alterar la clasificación de las zonas forestales protegidas para permitir actividades económicas, a menudo bajo el disfraz de procedimientos legales.
El Gran Chaco, que abarca partes de Argentina, Bolivia y Paraguay, es el ecosistema de bosque seco más grande del mundo. Entre 1985 y 2020, se perdió casi el 30% de esta región, y la mayoría de la destrucción ocurrió en Argentina. 3 millones de hectáreas fueron despejadas, un área aproximadamente equivalente al tamaño de la provincia de Santa Fe. Esta pérdida ha tenido profundas consecuencias ecológicas, contribuyendo a la disminución de la biodiversidad y alterando los patrones climáticos regionales. Uno de los mecanismos clave identificados por los investigadores fue la recategorización de las zonas forestales protegidas.
Bajo la ley que rige los bosques nativos, las provincias deben clasificar las tierras en tres categorías, rojo (protegido), amarillo (actividad de bajo impacto permitida) y verde (modificaciones permitidas con autorización). Estas clasificaciones están destinadas a garantizar la conservación y el uso sostenible. Sin embargo, el estudio encontró que las autoridades en el Chaco cambiaron sistemáticamente estas designaciones para permitir la deforestación.
Si bien tales cambios podrían justificarse teóricamente en casos excepcionales, los investigadores argumentan que el proceso se convirtió en una rutina. Tanto la Ley de Bosques Nativos como la Ley General de Medio Ambiente incluyen el principio de "no regresión", que prohíbe reducir el nivel de protección de las áreas previamente protegidas. A pesar de esto, el estudio muestra que estas reglas fueron ignoradas constantemente.
Esta acción destacó los crecientes desafíos legales que enfrentan los esfuerzos para proteger las áreas forestales restantes. El estudio también apunta a implicaciones más amplias más allá de la degradación ambiental. Un estudio anterior de la Universidad de Buenos Aires identificó tres riesgos económicos relacionados con la deforestación: reducción de la productividad debido a la pérdida de servicios ecosistémicos, disminución del acceso al mercado debido a requisitos de sostenibilidad más estrictos y riesgos financieros derivados de las instituciones de crédito internacionales que exigen prácticas de producción ambientalmente responsables.
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