Los investigadores han descubierto que los perros pueden distinguir entre el miedo y la tristeza en las expresiones faciales humanas, según un nuevo estudio publicado en la revista científica iScience. Los hallazgos sugieren que los perros poseen un nivel de reconocimiento emocional que anteriormente se pensaba que era exclusivo de los humanos y algunos otros animales. Esta capacidad se observó a través de técnicas avanzadas de imágenes cerebrales, revelando cómo los perros procesan emociones humanas complejas. El estudio involucró dos experimentos con un total de veinte perros, todos animales domésticos acostumbrados a vivir con sus dueños. En la primera fase, ocho perros fueron expuestos a imágenes de caras desconocidas que mostraban expresiones felices o neutrales.
Los científicos observaron una mayor actividad en regiones específicas del cerebro asociadas con el procesamiento visual, la interacción social y los mecanismos de recompensa cuando los perros vieron caras felices. Estas áreas incluyeron el núcleo accumbens, que está vinculado a experiencias emocionales positivas tanto en humanos como en animales. En la segunda parte de la investigación, a doce perros adicionales se les mostraron fotografías que representaban cuatro emociones humanas diferentes, felicidad, tristeza, miedo y ira.
Los resultados indicaron que los perros podían distinguir claramente las caras felices de las tres expresiones negativas. Además, fueron capaces de diferenciar las caras temerosas de las tristes y de las enojadas. Sin embargo, lucharon por diferenciar entre la ira y la tristeza con la misma claridad. Laura Cuaya, investigadora de la Universidad de Viena y autora principal del estudio, explicó que esto marca la primera evidencia de que los cerebros caninos pueden reconocer las emociones humanas que comparten una valencia negativa común.
" El estudio destaca la relación de larga data entre humanos y perros, lo que sugiere que miles de años de coexistencia han dado forma a la capacidad de los perros para interpretar señales humanas. A diferencia de los primates, cuyas similitudes con los humanos provienen de una ascendencia evolutiva compartida, los perros evolucionaron junto a los humanos, desarrollando habilidades sociales mejoradas que les permitieron comprender mejor la comunicación humana. Según Cuaya, los perros evolucionaron con los humanos para comprender nuestras expresiones y colaborar de manera más efectiva. Los perros dependen de una combinación de señales visuales, auditivas e incluso olfativas para medir las emociones humanas.
Si bien el estudio se centró en las expresiones faciales, reconoció que en situaciones de la vida real, los perros recopilan información de múltiples fuentes, incluido el lenguaje corporal, el tono de voz y el olor. Este enfoque integral les permite responder adecuadamente a su entorno e interactuar de manera más significativa con sus compañeros humanos. Este descubrimiento se suma a un creciente cuerpo de evidencia que respalda la idea de que los perros están mucho más sintonizados emocionalmente de lo que se creía anteriormente. Refuerza la noción de que los perros son capaces de reconocer cambios sutiles en el comportamiento humano y responder en consecuencia.
Como tal, esta investigación contribuye a una comprensión más profunda del complejo vínculo entre los humanos y sus contrapartes caninas.
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