En una entrevista con la afiliada de la NBC 12News, con sede en Arizona, Bessent reconoció que la vía fluvial estratégica, a través de la cual pasa casi el 20 por ciento del petróleo marítimo mundial, es efectivamente irreparable debido a las acciones de Irán. Sus comentarios representan la primera admisión pública por parte de un miembro de alto rango de la administración del presidente Donald Trump de que la situación en la región es permanente. Bessent sugirió que el Estrecho de Ormuz pronto perderá su importancia como un corredor energético crítico. Según él, más de la mitad de la energía que se mueve actualmente a través del estrecho pasará a oleoductos subterráneos en los próximos dos años.
Esta transformación, dijo, señala un cambio fundamental en la logística energética global, que remodelará los patrones de comercio internacional y la dinámica geopolítica. Las implicaciones de los comentarios de Bessent se extienden mucho más allá del Medio Oriente. Para los países que dependen del transporte marítimo de petróleo, como el Reino Unido, las perspectivas parecen sombrías. El gobierno del Reino Unido había asumido anteriormente que el Estrecho de Ormuz eventualmente se reabriría, lo que permitiría la reanudación de precios estables del petróleo y cadenas de suministro predecibles. Sin embargo, la declaración de Bessent elimina esa posibilidad, lo que obliga a los responsables políticos a reevaluar las estrategias económicas a largo plazo.
El ministro de Economía, John Healey, se enfrenta a un desafío particularmente difícil. Con el próximo discurso presupuestario programado para el 28 de octubre, la suposición de que Hormuz se abriría en un futuro cercano ya no es viable. Las empresas de pronóstico económico habían advertido a principios de este año que el cierre prolongado del estrecho podría empujar al Reino Unido a la recesión.
Los efectos secundarios del conflicto en curso podrían conducir a precios más altos de combustible, aumento de los costos de transporte y posibles interrupciones en el suministro de alimentos y productos agrícolas, todo lo cual contribuye a una inestabilidad económica más amplia. La capacidad de los militares de Estados Unidos para mantener la presión sobre Irán está siendo examinada. Los informes indican que las reservas de armas estadounidenses se están agotando más rápido de lo previsto, lo que genera preocupaciones sobre la sostenibilidad de las operaciones actuales. Tanto China como Rusia parecen estar capitalizando esta incertidumbre, posicionándose como centros de poder alternativos en la región.
Además del cierre físico del Estrecho de Ormuz, Bessent insinuó nuevas medidas económicas contra Irán. EE.UU. está preparado para implementar sanciones que "nunca se han visto" en la historia del aislamiento económico. Estas medidas, afirmó, incluirán restricciones financieras intensificadas y continuos bloqueos en el Estrecho de Ormuz, impidiendo que las mercancías entren o salgan de los puertos iraníes. EE.UU. e Irán, con poca indicación de una resolución a la vista. A medida que la situación evoluciona, el enfoque cambia a cómo las economías globales se adaptarán a la nueva realidad de la reducción del tránsito marítimo de petróleo y el aumento de las tensiones geopolíticas.
Los próximos meses pondrán a prueba la resistencia de los mercados internacionales y la eficacia de los esfuerzos diplomáticos encaminados a estabilizar la región.
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