El secretario del Ejército de los Estados Unidos, Dan Driscoll, se prepara para renunciar en medio de las crecientes tensiones con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, según múltiples fuentes. La medida se produce después de meses de conflicto entre los dos funcionarios sobre las decisiones de personal y los roles de liderazgo dentro del ejército. Se espera que Driscoll renuncie a finales de año, aunque el momento de su partida podría acelerarse, dijeron fuentes a The Wall Street Journal. Su decisión sigue a una serie de disputas que han tensado las relaciones dentro del Departamento de Defensa. Driscoll ya ha desocupado su residencia en la Base Conjunta Myer-Henderson Hall en Virginia, un lugar normalmente ocupado por altos funcionarios de defensa.
Mientras que él continúa residiendo en la base en un apartamento más pequeño, su familia se ha trasladado a Carolina del Norte. Este cambio sugiere una distancia creciente de su posición, que se ha vuelto cada vez más polémico bajo el liderazgo de Hegseth. La brecha entre Driscoll y Hegseth se ha centrado en varias cuestiones clave. Un punto importante de la disputa involucra la decisión de Hegseth de bloquear las promociones de varios oficiales del Ejército. Además, el despido de Randy George, jefe de personal del Ejército, en abril de 2025, marcó un punto de inflexión en su relación. George había sido un ayudante cercano de Driscoll y era ampliamente visto como un posible sucesor de Hegseth.
Su destitución dejó al Ejército sin un líder confirmado por el Senado, ya que el presidente Donald Trump aún no ha nominado a un reemplazo. El general Christopher LaNeve, un ex ayudante de Hegseth, ha asumido temporalmente el papel de jefe de personal mientras continúa la búsqueda de un candidato permanente. El nombramiento de LaNeve subraya la inestabilidad creada por el vacío de liderazgo en curso. Tanto Driscoll como George requerían la confirmación del Senado para sus puestos, y la ausencia de un líder confirmado ha generado preocupaciones sobre la efectividad operativa del Ejército.
Según los informes, esta preocupación se intensificó después de la controversia de chat grupal de marzo de 2025 que involucró a Hegseth, lo que ha alimentado su sensación de inseguridad y paranoia. Una fuente describió la situación como "impulsada por la inseguridad y la paranoia que Pete ha desarrollado desde Signal-gate", y agregó que algunos de los asesores más cercanos de Hegseth han exacerbado estos sentimientos en lugar de aliviarlos. La Casa Blanca ha apoyado públicamente a Driscoll, afirmando que Hegseth actualmente carece de la autoridad para eliminarlo de su cargo. Sin embargo, las discusiones internas sugieren que Hegseth está profundamente ansioso por perder su posición y ve a Driscoll como una amenaza potencial.
Esta dinámica ha contribuido a una atmósfera tensa dentro del Pentágono, donde la lealtad y las maniobras políticas a menudo se cruzan. Los críticos argumentan que Driscoll ha priorizado sus ambiciones políticas sobre sus responsabilidades como Secretario del Ejército. En abril, un alto funcionario del Pentágono dijo al Washington Post que Driscoll se centró demasiado en su futuro político en lugar de en la gestión de la capacitación y el equipamiento de los soldados. Sin embargo, otros tres funcionarios disputaron esta evaluación, afirmando que Driscoll ha desempeñado adecuadamente su papel.
Mientras Driscoll se prepara para irse, las implicaciones para el Ejército siguen sin estar claras. Sin un líder confirmado en el lugar, el departamento enfrenta incertidumbre con respecto a su dirección estratégica y operaciones diarias. Mientras tanto, el panorama político más amplio continúa evolucionando, con la posible salida de Driscoll que señala nuevos cambios en la dinámica de poder dentro de la administración Trump.
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