El secretario del Ejército, Dan Driscoll, se está preparando para renunciar a su cargo en el Pentágono a finales de 2026, según múltiples fuentes dentro del Departamento de Defensa. Su decisión se produce después de un prolongado conflicto con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, un ex funcionario de la Casa Blanca. La situación se ha intensificado durante varios meses, con Driscoll expresando su frustración por su limitado tiempo en el cargo y los desafíos planteados por el estilo de liderazgo de Hegseth.
Driscoll, quien fue confirmado por el Senado el 25 de febrero de 2026, en una votación de 66-28, ha enfatizado consistentemente la necesidad de mejorar la calidad de vida de los soldados, la modernización del equipo militar y la adopción de tecnologías avanzadas aprendidas del conflicto de Ucrania.
En respuesta, el presidente Trump nombró al general Christopher LaNeve, el vicejefe del Estado Mayor del Ejército, para actuar como el nuevo Jefe del Estado Mayor. LaNeve, que anteriormente había servido como ayudante militar de Hegseth, se ha involucrado en reuniones con senadores, aunque su confirmación formal sigue siendo incierta debido a preocupaciones bipartidistas. El desacuerdo de Driscoll con Hegseth se intensificó más tarde en el año cuando Trump le asignó la tarea de negociar con funcionarios ucranianos para concluir potencialmente la guerra entre Rusia y Ucrania. Esta asignación destacó la creciente brecha entre los dos altos funcionarios de defensa.
Además, Driscoll y George lanzaron la Iniciativa de Transformación del Ejército, destinada a mejorar la preparación para el combate a través de la integración tecnológica y la optimización estructural. La iniciativa se centró en la incorporación de drones e inteligencia artificial en las operaciones militares, lo que refleja un cambio estratégico hacia una guerra más tecnológicamente avanzada.
La posible renuncia de Driscoll subraya la dinámica interna dentro del Departamento de Defensa bajo la administración actual. Refleja tensiones más amplias entre diferentes facciones dentro del liderazgo militar, particularmente con respecto a la dirección estratégica y las prioridades operativas. A medida que se desarrolla la situación, el impacto en la política militar y la gestión del personal probablemente se aclarará en las próximas semanas.
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