La visita de los emperadores de Japón, Naruhito y Masako, a Bélgica representó un hito diplomático y cultural importante, celebrado durante el 150o aniversario de las relaciones bilaterales entre ambos países. Llegaron a la capital belga el sábado 20 de junio, iniciando una serie de reuniones privadas con la familia real belga en el Castillo de Ciergnon. Sin embargo, el momento más destacado de su visita ocurrió entre el 23 y el 25 de junio, cuando se desarrolló una ceremonia oficial en el Castillo Real de Laeken, hogar de los monarcas belgas Felipe y Matilde.
Este castillo, ubicado a cinco kilómetros del centro de Bruselas, es uno de los símbolos más emblemáticos del país. Con una superficie de 1.860.000 metros cuadrados, incluye túneles subterráneos, estaciones de tren secretas y grandes salones, junto con invernaderos y jardines que lo convierten en una "ciudad de cristal y hierro".
Durante la velada, se dio a conocer el debut de los cuatro príncipes belgas: Elisabeth (24), Gabriel (22), Emmanuel (20) y Eléonore (18). Esta ocasión permitió mostrar su elegancia y estilo personal, acompañados por una selección de joyas de gran valor histórico y artístico. La reina Matilde optó por la Tiara de las Nueve Provincias, un objeto de gran importancia, ya que fue un regalo del gobierno belga a la princesa Astrid de Suecia al casarse con el príncipe heredero Leopoldo de Bélgica en 1926. Por su parte, la emperatriz Masako lució un traje con bordados y encaje, complementado con la Tiara de Diamantes Madreselva, propiedad de la princesa Chibuchi, abuela del emperador.
La princesa heredera Elisabeth, quien tiene 24 años, se destacó por llevar la Tiara de Laureles de Brabante, compuesta por 631 diamantes engastados en platino, que recrea la forma de ramas de laurel con hojas y bayas. Su hermana menor, Eléonore, sorprendió al usar una diadema inédita, recuperada en una subasta en 2019 por 26 mil euros, creada por el joyero Henry Cooseman. Estas piezas no solo son testimonios de la historia de Bélgica, sino también ejemplos de la habilidad artística de los maestros belgas en la joyería.
La presencia de la emperatriz Masako fue especialmente significativa, ya que, después de haber sido diagnosticada con depresión hace más de dos décadas, ahora mostraba una nueva faceta.
La combinación de lujo, tradición y modernidad en este encuentro refleja la importancia de los intercambios culturales entre Japón y Bélgica. Los príncipes belgas, con sus trajes y accesorios, demostraron una mezcla de elegancia y conexión con la historia de ambos países. Aunque la visita se centró en aspectos protocolarios, el impacto visual y simbólico fue notable, destacando la importancia de las relaciones internacionales en el ámbito de la cultura y la moda.
★
Mantengamos las noticias honestas.
ObjectiveNews se financia con los lectores y no tiene anuncios: te mostramos el sesgo en lugar de ocultarlo. Apoya el periodismo independiente por 5 €/mes.
Hazte suscriptor