El número de muertos por las devastadoras inundaciones en la región fronteriza entre Nepal y China ha aumentado a 781, con más de 2,500 personas desaparecidas, según la autoridad de gestión de emergencias de Nepal. Las cifras se anunciaron el domingo cuando comenzaron los entierros masivos en medio de los esfuerzos en curso para recuperar los cuerpos de las áreas devastadas por las inundaciones. En China, los medios estatales informaron 16 muertes y 546 personas desaparecidas, con lo que el número total de víctimas asciende a 797 muertos y 3,488 desaparecidos. Los cuerpos que permanecen sin identificar se han almacenado en 21 hospitales en varios distritos, mientras que algunas víctimas ya han comenzado a ser enterradas debido a preocupaciones por la descomposición del cuerpo.
Las inundaciones ocurrieron el miércoles, provocando una destrucción generalizada a lo largo de las regiones fronterizas. Las fuertes lluvias provocaron desbordamientos de ríos y deslizamientos de tierra, especialmente afectando a las áreas montañosas remotas donde residen muchas comunidades. Los servicios de emergencia han enfrentado desafíos para acceder a las zonas afectadas debido a las carreteras bloqueadas y el terreno difícil. Las operaciones de rescate continúan, aunque el progreso ha sido lento. Las autoridades locales han instado a los residentes a evitar las áreas inundadas y a mantenerse cautelosos ya que las condiciones climáticas siguen siendo impredecibles. El Centro Nacional de Respuesta a Desastres de Nepal confirmó los números actualizados de víctimas, enfatizando la escala del desastre.
Los funcionarios declararon que los equipos de recuperación están trabajando las 24 horas para localizar a los sobrevivientes y recuperar los cuerpos. Sin embargo, la situación sigue siendo grave, con muchas familias que aún esperan noticias de sus seres queridos. En China, los gobiernos locales han desplegado recursos adicionales para ayudar en los esfuerzos de búsqueda y rescate, incluido personal militar y equipos de rescate especializados. Ambos países han pedido ayuda y apoyo internacional para manejar la crisis de manera efectiva. El impacto de las inundaciones se ha sentido en múltiples distritos, con aldeas enteras sumergidas bajo el agua. La infraestructura como puentes, carreteras y hogares ha sufrido daños extensos, complicando los esfuerzos de socorro.
Los hospitales de la región se han visto abrumados, lo que obligó a algunos pacientes a ser evacuados a otros lugares. Las redes de comunicación también se han interrumpido, lo que dificulta la coordinación entre las agencias. A pesar de estos obstáculos, las organizaciones humanitarias han comenzado a distribuir alimentos, agua limpia y suministros médicos a las poblaciones afectadas.
Mientras tanto, los líderes comunitarios han tomado la iniciativa de organizar esfuerzos de ayuda local, utilizando cualquier recurso que puedan reunir para ayudar a los vecinos necesitados. Estas respuestas de base destacan tanto la resistencia de las comunidades afectadas como la necesidad urgente de políticas ambientales a largo plazo. A medida que continúa la búsqueda de personas desaparecidas, las autoridades han enfatizado la importancia de mantener la esperanza al tiempo que reconocen la triste realidad de la situación. Se aconseja a las familias que se mantengan informadas a través de canales oficiales y que sigan las pautas de seguridad para evitar más pérdidas. Los donantes internacionales y los países vecinos han prometido asistencia, aunque el alcance de esta ayuda sigue siendo incierto.
A medida que se acerca el invierno, existe una creciente preocupación por el riesgo de enfermedades relacionadas con el resfriado entre las poblaciones desplazadas.
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