La pieza, inicialmente titulada "Confesiones de un profesor negro simbólico", explora sus experiencias navegando por iniciativas de diversidad académica y las complejidades de la raza dentro de la academia. Harper, quien recientemente dejó la Universidad de Bates después de años de permanencia, argumenta que los esfuerzos para promover la Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) a menudo enmascaran en lugar de desmantelar estructuras de poder arraigadas mientras comprometen la libertad académica. La narrativa de Harper comenzó durante su tiempo en Bates, donde se le pidió que organizara la celebración anual del Día de Martin Luther King poco después de convertirse en profesor.
Su nombramiento para esta tarea, a pesar de su experiencia en catástrofe ambiental y literatura sobre el cambio climático, se debió a su identidad racial, siendo uno de los pocos profesores negros en la institución.
Por ejemplo, relata haber participado en reuniones donde las discusiones se centraron en la "descolonización" y la "liberación", mientras que simultáneamente fue testigo de los intentos de los administradores de anular los esfuerzos de organización sindical entre el personal y los estudiantes.
Describe interacciones con colegas que creen que el racismo persiste incluso bajo la superficie de la vida moderna del campus. Un incidente involucra a un estudiante blanco que supuestamente amenazó con llamar a la policía durante una confrontación racial, que un colega negro interpretó como un posible linchamiento.
Durante una reunión del comité de contratación, un colega comentó sobre la investigación de un candidato sobre la diáspora africana, sugiriendo que el trabajo del candidato podría ser demasiado estrecho. Harper implica que tales comentarios revelan sesgos persistentes a pesar de la postura pública de la institución sobre la inclusión. A pesar de estas críticas, Harper no descarta la importancia de abordar la desigualdad racial. En su lugar, pide un compromiso más significativo con los problemas sistémicos en lugar de gestos superficiales. Su salida de Bates marca un punto de inflexión en su carrera, lo que lo lleva a un puesto en The Atlantic, donde continúa examinando las intersecciones de raza, academia y activismo.
A medida que los debates en torno al DEI continúan evolucionando, la perspectiva de Harper ofrece una lente crítica a través de la cual ver los desafíos actuales que enfrentan las voces marginadas en la educación superior. Sus ideas subrayan la necesidad de que las instituciones pasen de la inclusión simbólica a una reforma estructural genuina.
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