El 12 de agosto de 2026, un poderoso terremoto azotó el centro de Colombia, matando a más de 265 personas e hiriendo a cientos. El desastre se produjo cerca de la ciudad de Pasto, en el departamento de Nariño, alrededor de las 9:30 hora local. 2 en la escala de Richter, con su epicentro ubicado aproximadamente a 15 kilómetros debajo de la superficie. El temblor duró casi dos minutos, causando daños generalizados a edificios, carreteras e infraestructura. Los servicios de emergencia han estado trabajando incansablemente para localizar sobrevivientes y proporcionar ayuda, aunque las operaciones de búsqueda continúan en varias áreas afectadas. El terremoto causó una gran destrucción en las comunidades rurales, particularmente en las regiones montañosas de los departamentos de Nariño y Cauca.
Muchas casas se derrumbaron y deslizamientos de tierra bloquearon carreteras clave, complicando los esfuerzos de rescate. Según los funcionarios, más de 1.200 estructuras fueron dañadas o destruidas, con algunos pueblos completamente inhabitables. Las autoridades locales informaron que las áreas más afectadas incluyeron San Antonio de Prado y La Unión, las cuales sufrieron graves fallas estructurales. Además de la pérdida humana, el impacto económico ha sido significativo, con zonas agrícolas sufriendo grandes pérdidas debido a la interrupción.
Los trabajadores de rescate han utilizado cámaras de imágenes térmicas y sensores acústicos para detectar signos de vida bajo los escombros. Más de 300 voluntarios, incluidos militares y residentes locales, se han unido al esfuerzo. A pesar de estos esfuerzos, muchas familias siguen desaparecidas y el número de muertes confirmadas continúa aumentando.
Organizaciones internacionales como la Cruz Roja y UNICEF han comenzado a coordinar las operaciones de socorro, centrándose en proporcionar refugio, atención médica y suministros de alimentos. Un hospital de campo temporal se estableció en Pasto para tratar a los heridos, mientras que las clínicas móviles se están enviando a pueblos remotos. En los días posteriores al terremoto, los líderes locales y los miembros de la comunidad han expresado su profunda preocupación por la falta de preparación adecuada para tales desastres. Algunos críticos argumentan que la insuficiente inversión en sistemas de alerta temprana y códigos de construcción contribuyó a la alta tasa de víctimas.
Mientras tanto, los sobrevivientes describen el caos del momento, recordando cómo se derrumbaron las paredes y las familias se separaron durante la violenta sacudida. "Sentía como si la tierra estuviera tratando de tragarnos", dijo un sobreviviente a los periodistas. Otros han pedido una mayor conciencia y educación sobre los riesgos sísmicos en la región. A medida que la situación evoluciona, el enfoque sigue siendo garantizar la seguridad de las personas atrapadas restantes y apoyar la recuperación a largo plazo de las comunidades afectadas.
La búsqueda de sobrevivientes probablemente llevará semanas, y el camino hacia la reconstrucción requerirá un compromiso sostenido de los actores nacionales e internacionales.
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