La caza de aves marinas escocesas, conocida como la caza de guga, ha sido cancelada por primera vez en casi 400 años, marcando un cambio histórico en las políticas de gestión de la vida silvestre de la región. La decisión se produjo después de que NatureScot, la agencia ambiental del gobierno escocés, denegara una solicitud de licencia para la caza anual en la isla Hebridea deshabitada de Sula Sgeir. Anteriormente se mataron hasta 2.000 polluelos de gaviota durante el evento de 10 días, pero la agencia citó un daño potencial a la población de gaviota basado en nuevos modelos científicos. Esto marca la primera vez desde 1549 que la caza no ha continuado, poniendo fin a una tradición que data de siglos.
La caza se lleva a cabo en Sula Sgeir, una isla remota ubicada aproximadamente a 40 millas al norte de Lewis y Harris. Cada año, un grupo de cazadores conocidos como los Hombres de Ness viajan a la isla para cosechar polluelos de gannet, que luego son procesados y consumidos como un manjar en las Islas Occidentales. El proceso implica el uso de un largo poste con una soga para capturar a los polluelos de sus nidos, seguido de un golpe fatal en la cabeza. Las aves son posteriormente destriadas, saladas y transportadas al continente. A pesar de su importancia histórica, la práctica ha sido criticada por organizaciones de derechos de los animales y ambientalistas, que argumentan que el método es inhumano e innecesario en los tiempos modernos.
La decisión de NatureScot de no conceder una licencia se basó en una reevaluación del impacto de la caza en las poblaciones de gansos. La agencia declaró que los últimos modelos de población indicaban un posible efecto adverso en la especie, incluso en números propuestos más bajos, como 500 aves. La decisión se tomó siguiendo una recomendación de los funcionarios, que evaluaron la solicitud contra la legislación actual y los datos científicos.
Una petición al gobierno escocés pidiendo el fin de la práctica obtuvo más de 100.000 firmas, mientras que otra de la organización benéfica contra la caza Protect the Wild superó las 250.000. Devon Docherty, gerente de campañas escocesas de Protect the Wild, elogió el fallo como un triunfo para la compasión, la ciencia y el sentido común.
La caza está protegida por la Ley de Vida Silvestre y Campesina, lo que significa que sigue siendo una práctica cultural reconocida dentro de la ley. Sin embargo, la decisión ha provocado reacciones mixtas entre los residentes de la isla. Algunos, como el residente local John Malcolm, expresaron su decepción, llamando a la tradición una "práctica sostenible" que ha perdurado durante generaciones. Otros, sin embargo, reconocen la necesidad de un cambio, particularmente dadas las presiones ecológicas que enfrentan las poblaciones de aves marinas.
Históricamente, la práctica era esencial para la supervivencia en las duras condiciones de las tierras altas occidentales, donde las fuentes de alimentos eran limitadas. Según el historiador Donald S. Murray, la caza desempeñó un papel crucial en el mantenimiento de la vida en las islas, especialmente durante los períodos de dificultades. Hoy en día, sin embargo, el debate se extiende más allá de la subsistencia, abarcando cuestiones más amplias de ética, sostenibilidad y el papel de la tradición en la gobernanza moderna. El rechazo de la caza subraya la creciente influencia de la evidencia científica y el sentimiento público en la formación de la política ambiental.
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