Los científicos escanearon 14 cerebros caninos y descubrieron nuevas pruebas que respaldan la profunda conexión emocional entre humanos y perros. Los hallazgos sugieren que los perros están muy en sintonía con las emociones humanas, reaccionando más fuertemente a la felicidad de lo que se pensaba anteriormente. Esta revelación se suma al creciente apoyo científico a la idea de que los perros son capaces de interpretar señales sociales complejas de los humanos. El estudio, realizado en Hungría y México, involucró escanear los cerebros de 14 perros utilizando imágenes de resonancia magnética. Estos perros incluían border collies, golden retrievers, un labrador y un perro de raza mixta.
Entre los participantes se encontraban dos de los perros propios de los investigadores, Odin y Kun-kun, que desempeñaron un papel central en el estudio. Los perros fueron cuidadosamente seleccionados de espacios públicos, específicamente parques, donde parecían tranquilos y bien entrenados. Se acercó a sus propietarios para que participaran, asegurando una muestra diversa de razas y temperamentos. Uno de los principales desafíos del estudio fue lograr que los perros permanecieran quietos durante los escaneos. Las máquinas de resonancia magnética son ruidosas y claustrofóbicas, lo que dificulta la tolerancia de los humanos y los animales. Para superar esto, los investigadores pasaron más de 20 sesiones de entrenamiento trabajando con cada perro.
Se usaron técnicas de refuerzo positivo, incluyendo golosinas y tiempo de juego, para alentar a los perros a permanecer inmóviles en el escáner. Los perros se colocaron en una postura similar a la de una esfinge, con sus mandíbulas apoyadas en un respaldo de la barbilla, para mantener la estabilidad. El entrenamiento comenzó con intervalos cortos de quietud, comenzando a partir de cinco segundos, y gradualmente aumentó a tres minutos, la duración estándar para un escaneo completo. También se introdujeron protectores auditivos especiales para reducir la incomodidad auditiva. Una vez que los perros fueron completamente entrenados, se sometieron a escaneos cerebrales mientras se les mostraban imágenes de rostros humanos que mostraban una variedad de emociones: felicidad, tristeza, ira, miedo y neutralidad.
Los resultados mostraron que las caras humanas felices provocaron una actividad cerebral significativa en regiones específicas. La corteza temporal, responsable de reconocer caras y procesar señales emocionales, y el núcleo caudado, asociado con recompensas y motivación, mostraron respuestas elevadas. Esto indica que los perros perciben la felicidad humana como una forma de recompensa, similar a cómo responden a la comida o los juguetes. En contraste, el miedo y la tristeza activaron diferentes partes del cerebro, principalmente el giro suprasilviano rostral derecho, que procesa la información visual y sensorial. La ira desencadenó la actividad en áreas distintas, incluido el giro ectosilviano derecho y el giro esplenal izquierdo.
Mientras que los perros demostraron una clara capacidad para diferenciar entre ciertas emociones negativas, lucharon para distinguir entre la tristeza y la ira. Esto sugiere que su reconocimiento emocional es matizado pero no perfecto. La doctora Laura Cuaya, una de las principales investigadoras de la Universidad de Viena, enfatizó la importancia de estos hallazgos. Señaló que la activación del núcleo caudado en respuesta a caras felices implica que los perros asignan valor emocional a las expresiones humanas. Esto se alinea con investigaciones anteriores que indican que los perros son altamente sensibles al lenguaje corporal humano y los tonos vocales.
Cuaya también enfatizó que el estudio proporciona respaldo empírico para la creencia común entre los amantes de los perros, que sonreír a los perros puede ser tan gratificante para ellos como darles golosinas. Las implicaciones del estudio se extienden más allá del interés académico. Refuerza la idea de que los perros no son simplemente mascotas sino compañeros con ricas capacidades cognitivas. La investigación subraya los beneficios mutuos del vínculo humano-canino, sugiriendo que las interacciones arraigadas en la empatía y el afecto pueden mejorar el bienestar de ambas especies. A medida que el campo de la cognición animal continúa evolucionando, tales estudios ofrecen valiosas perspectivas sobre la complejidad de las relaciones interespecies.
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