Un científico británico ha pasado casi cuatro décadas persiguiendo una rara alga de rayas rosadas que descubrió durante su investigación de doctorado, confirmando finalmente que es una especie previamente desconocida. La profesora Christine Maggs, una bióloga marina con sede en el Reino Unido, hizo la identificación innovadora después de obtener una muestra de las aguas de Cornualles, lo que marca la culminación de un viaje científico que abarca más de 40 años. , fue descubierto por primera vez por la profesora Maggs en la década de 1980 mientras estudiaba los lechos de maerl, ecosistemas únicos compuestos de algas rojas calcificadas que forman estructuras densas similares a los corales. Estos hábitats soportan una amplia gama de vida marina y son cruciales para la biodiversidad.
Durante sus estudios de doctorado, la profesora Maggs encontró un fragmento de una alga de rayas rosadas que crecía en el maerl, un espécimen diferente a cualquier cosa descrita en la literatura científica existente. En ese momento, creía que podría representar una nueva especie, pero carecía de suficiente material para una clasificación definitiva. Su búsqueda de más evidencia continuó a lo largo de su carrera, con avistamientos ocasionales del misterioso organismo en otras criaturas marinas, como un chorro de mar. Sin embargo, cada encuentro dio solo fragmentos minúsculos, insuficientes para un análisis adecuado. A pesar de los extensos esfuerzos, la alga permaneció sin identificar hasta los últimos años.
En 2023, un equipo de científicos que realizaban encuestas de los lechos de maerl en Cornwall se topó con una muestra que tenía sorprendentes similitudes con las algas que el profesor Maggs había estado buscando. Investigadores de Natural England, encargados de evaluar la salud ecológica de estos hábitats, recogieron el espécimen y se lo pasaron al profesor Maggs para un estudio posterior. El descubrimiento reavivó su búsqueda, lo que la llevó a adquirir una nevera de vino, una solución de almacenamiento práctica pero no convencional, para mantener las condiciones óptimas para cultivar las algas.
Después de cuidar cuidadosamente el espécimen, colaboró con la doctora Beatriz de Barros Barreto, especialista en secuenciación de ADN, para analizar la composición genética de las algas. Sus hallazgos confirmaron que el organismo era de hecho una especie nueva, lo que se suma al creciente cuerpo de conocimientos sobre la biodiversidad de los entornos marinos. El proceso de identificación de las algas requería paciencia y precisión. El profesor Maggs enfatizó la necesidad de datos moleculares para distinguir las especies de las demás, destacando cómo el pequeño tamaño del organismo complicó los métodos tradicionales de clasificación.
Su dedicación al proyecto subrayó los desafíos de estudiar microorganismos en ecosistemas marinos complejos, donde incluso los organismos más pequeños pueden tener un valor científico significativo. El descubrimiento ha generado un renovado interés en la importancia ecológica de los lechos de maerl, que siguen siendo poco investigados a pesar de su papel en el apoyo a diversas comunidades marinas. Los científicos involucrados en la encuesta de Cornish notaron las experiencias únicas de explorar estos hábitats, describiendo encuentros con una variedad de vida marina, incluidos cangrejos araña, estrellas de mar y peces goby.
El trabajo de buzos como Angie Gall de Natural England destacó las demandas logísticas de dicha investigación, que requiere equipo especializado y una planificación cuidadosa para garantizar un muestreo preciso. El biólogo marino independiente Francis Bunker, que participó en la encuesta, describió su fascinación por los detalles mínimos de la vida marina, a menudo usando una lupa para examinar muestras durante las inmersiones. Sus observaciones contribuyeron a la identificación de las algas de rayas rosadas, que reconoció como potencialmente coincidentes con el espécimen largamente buscado por la profesora Maggs. Colaborando con ella, ayudó a recopilar muestras adicionales para el análisis.
Con la confirmación de la nueva especie, la muestra se ha añadido a la colección del Museo de Historia Natural, asegurando su preservación para futuros estudios. Este hito no sólo completa una búsqueda personal para el profesor Maggs, sino que también contribuye a una comprensión más amplia de la biodiversidad marina.
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