El número total de kakapos ahora asciende a 325, lo que marca el recuento más alto desde que se documentó por primera vez que la especie estaba en peligro crítico de extinción. Este aumento en los nacimientos se produce después de décadas de esfuerzos de conservación dedicados, y las últimas cifras muestran una señal prometedora de recuperación. El kakapo, un loro no volador nativo de Nueva Zelanda, se ha enfrentado a graves amenazas durante siglos.
Una vez extendido por todo el país, sus números disminuyeron drásticamente después del asentamiento humano, principalmente debido a la caza, la depredación por especies invasoras y la destrucción del hábitat. A mediados del siglo XX, la especie estaba al borde de la extinción. Las iniciativas de conservación comenzaron en 1894, pero no fue hasta el Programa de Recuperación Kakapo lanzado en 1995 que se centraron en los esfuerzos para salvar a la ave del olvido.
El programa, administrado por el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda, ha trabajado incansablemente para abordar desafíos clave como la baja diversidad genética, la infertilidad y las bajas tasas de eclosión. Estos problemas se vieron agravados por la biología única de la ave, su incapacidad para volar, su lento ciclo reproductivo y la dependencia de fuentes de alimentos específicas. El kakapo se alimenta principalmente de las bayas del árbol Rimu nativo, que produce frutos cada dos a cuatro años, lo que ralentiza aún más el crecimiento de la población. La reciente temporada de reproducción vio un avance notable. Nacieron un récord de 90 polluelos, superando los totales anuales anteriores.
El más joven de estos recién nacidos tiene ahora 150 días, una edad crítica en la que se considera que son lo suficientemente independientes como para ser contados en la población. Este logro es particularmente impresionante dado que en años anteriores, se tardaron 16 años en alcanzar números similares. Deidre Vercoe, gerente de las operaciones de recuperación de kakapo, destacó la importancia de este progreso, señalando que la última vez que la población superó las 300 aves pudo haber sido hace 75 años.
Esto permite a los conservacionistas rastrear los movimientos, monitorear la salud y responder rápidamente a las amenazas potenciales. El uso de tecnología de seguimiento avanzada ha desempeñado un papel crucial en la mejora de las posibilidades de una cría exitosa y la supervivencia de los pollitos. Además de los avances tecnológicos, el programa de recuperación ha experimentado con estrategias de manejo menos intensivas. Esto incluye reducir la frecuencia de los controles manuales de huevos y pollitos, confiando en sistemas de monitoreo remoto de nidos.
Los próximos hitos para la nueva generación incluyen recibir nombres en el aniversario de sus fechas de eclosión. Sin embargo, un pequeño número de pollitos de 2026 permanecerá sin nombre, simbolizando la transición en curso hacia patrones de reproducción más naturales. Esta decisión refleja una estrategia más amplia para reducir la interferencia humana y permitir que la especie prospere en condiciones más autosuficientes. Los conservacionistas siguen siendo cautelosamente optimistas. Los primeros modelos sugieren que el intervalo entre las temporadas de reproducción podría acortarse significativamente, potencialmente de la brecha actual de cuatro años a solo dos años.
Esta proyección ofrece la esperanza de que la trayectoria de recuperación del kakapo pueda seguir acelerándose, aunque el éxito a largo plazo de la especie dependerá de los esfuerzos sostenidos y la estabilidad ambiental.
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