Mongolia ha abierto la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés) (COP17), que marca una de las mayores reuniones internacionales sobre degradación de la tierra y sostenibilidad ambiental. La cumbre, celebrada en Ulaanbaatar bajo el tema "Restaurar la tierra, restaurar la esperanza", tiene como objetivo abordar el empeoramiento de las condiciones de sequía y la degradación de la tierra que afecta a millones de personas en todo el mundo. El evento comenzó el 17 de agosto y durará hasta el 28 de agosto, reuniendo a representantes de 196 naciones y la Unión Europea.
La conferencia se centra en la restauración de los ecosistemas degradados, la mejora de la resiliencia contra la sequía y la obtención de apoyo financiero para los países más afectados por la desertificación. Los delegados enfatizaron la urgencia de traducir los compromisos existentes en acciones tangibles, especialmente a la luz de los crecientes desafíos globales como la disminución de la productividad agrícola, la escasez de recursos hídricos y las amenazas a los medios de vida. Los oradores en la sesión de apertura subrayaron que las promesas actuales no abordan la escala del problema, subrayando la necesidad de resultados medibles y una mayor inversión.
La ceremonia de apertura incluyó un homenaje a la cultura mongola, con una actuación de 11 minutos que destaca el patrimonio nacional. Un baile ceremonial se realizó junto con la canción larga tradicional Erkhem tör y khöömey, un estilo único de canto de garganta practicado en Mongolia. El Gran Teatro de Arte Nacional contribuyó al programa, presentando un khadag, una bufanda ceremonial azul tradicional que simboliza la hospitalidad y el respeto. Estos elementos subrayaron el compromiso de la nación anfitriona de combinar el discurso ambiental con su rica identidad cultural.
El 20 de agosto, un grupo de aproximadamente 50 representantes indígenas y activistas de la sociedad civil organizaron una protesta en Ulán Bator, exigiendo una mayor inclusión de los pueblos indígenas en las discusiones sobre la degradación de la tierra, la sequía y la desertificación. Los manifestantes pidieron el reconocimiento de los derechos indígenas y la integración del conocimiento tradicional en los procesos de formulación de políticas. Criticaron la estructura actual de la conferencia, argumentando que si bien se había establecido un Caucus dedicado a los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales, carecía de poder de toma de decisiones reales.
Los participantes instaron a los gobiernos a permitir que los pueblos indígenas, pastores, comunidades locales, mujeres y jóvenes desempeñen un papel central en la configuración de políticas relacionadas con la gestión de la tierra y la adaptación al clima.
La cumbre ha llamado la atención sobre el problema más amplio de la degradación de la tierra, que afecta a casi el 40% de la población mundial y contribuye significativamente a la pobreza y la inseguridad alimentaria. En Mongolia, la situación se ve exacerbada por la sequía prolongada, el sobrepastoreo y la desertificación, que amenazan tanto a las poblaciones rurales como urbanas. Los funcionarios locales han reconocido la gravedad de la crisis, señalando que las vastas praderas del país, críticas para el pastoreo de ganado, se están deteriorando a un ritmo alarmante.
A medida que avanza la conferencia, los delegados participarán en discusiones detalladas sobre los mecanismos de financiación, la transferencia de tecnología y las iniciativas de creación de capacidades destinadas a apoyar a las regiones vulnerables. El resultado de estas deliberaciones probablemente dará forma a los futuros esfuerzos internacionales para combatir la desertificación y promover el uso sostenible de la tierra.
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