Alejo Stivel, un músico argentino de 67 años que ha pasado casi medio siglo en Madrid, reflexiona sobre su obra en un nuevo libro y a través de colaboraciones con algunos de los artistas más venerados de América Latina. Su viaje comenzó en Buenos Aires, donde se crió en un hogar impregnado de cultura, política y música, antes de huir del país en 1976 durante la dictadura militar argentina. Stivel se mudó a Madrid poco después de salir de Argentina, estableciéndose cerca del Parque de Berlín con su madre, Zulema Katz, ex actriz y profesora de teatro.
La familia permaneció allí durante casi cinco décadas, y hoy en día, Stivel vive en la misma casa, rodeado de dos gatos y cientos de discos de vinilo que cruzaron el Atlántico en un solo baúl. Estos discos, muchos de los cuales le fueron presentados por amigos y mentores, se han convertido en una parte vital de su identidad musical. Una figura clave en la vida temprana de Stivel fue Paco Urondo, un poeta y periodista que se convirtió en más que un simple amigo, era como una figura paterna. Urondo, cuya muerte marcó su 50 aniversario durante esta entrevista, jugó un papel crucial en la formación de la conciencia política de Stivel.
Él inculcó en el joven un profundo aprecio por la literatura, el teatro y la música, al tiempo que fomentaba un sentido de justicia social. "Me enseñó que hablar de libros, política o arte a una edad muy temprana era completamente normal", recuerda Stivel. Esta educación sentó las bases de su carrera posterior, mezclando el rigor intelectual con la expresión creativa. El entorno cultural de Buenos Aires, donde Stivel creció, fue uno de intercambio constante entre escritores, actores, periodistas y músicos. Fue aquí donde desarrolló una pasión por la música latinoamericana, particularmente las obras de Charly García y Spinetta.
Cuando llegó a España, trajo estas influencias con él, compartiéndolas con otros músicos y, finalmente, presentándolas a Silvio Rodríguez. El artista cubano, conocido por sus letras poéticas y melodías de inspiración folclórica, más tarde le daría crédito a Stivel por haberlo introducido al rock argentino en 1976.
Años más tarde, Rodríguez recordaría cómo Stivel le había introducido en este género, describiéndolo como una revelación. En los últimos meses, su amistad de larga data tomó un giro inesperado. Durante una conversación en Madrid, Rodríguez propuso que colaboraran en una canción. Para Stivel, esto fue a la vez sorprendente y profundamente significativo.
Sin embargo, al leer las letras, particularmente la línea "Déjame en paz, conciencia", Stivel reconoció su profundidad poética y resonancia emocional. "Se sintió como un giro del destino", dice. "A pesar de la emoción inicial, el desafío de poner una letra tan poderosa a la música resultó desalentador". "Escribir música para una canción de Silvio Rodríguez es como componer para Bob Dylan o Paul Simon", explica Stivel. La tarea requirió no solo habilidad técnica, sino también una profunda comprensión de la intención lírica. Sin embargo, el resultado es un testimonio del vínculo duradero entre los dos artistas, que une generaciones y culturas a través de la música.
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