Theresa Zabell, dos veces medallista de oro olímpica en vela y ex miembro del Parlamento Europeo, ha revelado su amor por comer pinchos de sardinas incluso durante la Navidad, según una entrevista reciente publicada por El Mundo. El artículo ofrece una mirada íntima a la vida personal e intereses de la activista británica de origen español, que se ha hecho conocida por su defensa ambiental y pasión por el mar. La pieza fue lanzada el domingo 16 de agosto de 2026, y presenta fotografías de Zabell en el puerto deportivo de Andratx en la isla de Mallorca, cerca del comienzo de sus vacaciones.
La carrera de Zabell abarca décadas de vela competitiva, comenzando con su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, donde ganó el oro, seguido de otra victoria en los Juegos de Atlanta de 1996. Su viaje la llevó a través de algunas de las aguas más desafiantes del mundo, ganando sus dos medallas y estableciendo su reputación como una de las mejores regatistas de España. Después de retirarse de la competencia, entró en la política, sirviendo como miembro del Parlamento Europeo durante varios años. Más tarde pasó al activismo, centrándose en la conservación marina y los problemas del cambio climático.
En la entrevista, Zabell recuerda haber crecido en Málaga, específicamente en el barrio de Pedregalejo antes de mudarse a Fuengirola. Describe los veranos de la infancia llenos del aroma de las sardinas asadas, un elemento básico de la cocina local, que todavía disfruta durante todo el año. "Me encantan incluso en diciembre", dice. Relata cómo llevaba a sus hijos a buscar estos peces entre las rocas, una tradición que continúa hasta el día de hoy. Más allá de la comida, Zabell enfatiza la importancia de la naturaleza y el océano, señalando que muchas personas malinterpretan el papel de los océanos en la producción de oxígeno.
Mientras se preparaba para los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, pasó cinco años en Barcelona, y más tarde viajó a Atlanta, aunque no asistió a la ceremonia de apertura debido a estar estacionada en un sitio de regata en Savannah, Georgia. Allí, se enfrentó a condiciones extremas, incluyendo temperaturas de más de 40 grados centígrados y humedad, mientras navegaba por áreas arenosas y evitaba cocodrilos. Durante su tiempo en el Parlamento Europeo, con sede en Estrasburgo, encontró el entorno menos atractivo que el mar abierto.
Ella menciona un restaurante llamado La Cloche de Fromage, que ofrece una amplia selección de variedades de queso y se dice que figura en el Libro Guinness de los Récords Mundiales. Ella elogia el enfoque meticuloso de su quesero, que adapta los platos a los gustos individuales. Además de la comida, destaca la necesidad de una mayor concienciación sobre la contaminación marina, señalando que el 80% de la basura del océano se origina en fuentes terrestres. También ha adoptado el buceo, una nueva afición que le permite conectarse más profundamente con el mundo submarino.
Este interés comenzó hace unos cinco o seis años, impulsado por el deseo de compartir esta experiencia con sus hijos y ser testigo de primera mano del estado de los ecosistemas marinos. A través de su fundación, Ecomar, trabaja para resaltar el papel crítico del océano en el mantenimiento de la vida en la Tierra.
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