En agosto de 2026, el lanzamiento de La última guerra, dirigida por Ridley Scott, provocó una amplia discusión entre los críticos de cine y el público por igual. La narrativa post-apocalíptica sigue a dos sobrevivientes, Hig, un mecánico tranquilo interpretado por Jacob Elordi, y Bangley, un ex marine interpretado por Josh Brolin, en un mundo devastado por una pandemia mortal que ha reducido drásticamente la población mundial. Ambientada en 2035, la historia se desarrolla en un paisaje sombrío donde la supervivencia depende del instinto, el ingenio y el acto ocasional de bondad. El tono de la película combina la reflexión existencial con la narración lírica, ofreciendo una rara visión de la vida después de la catástrofe.
La trama comienza con Hig y Bangley viviendo en relativa paz en un área remota, sus días marcados por la rutina y los sonidos de la naturaleza. Hig, que perdió a su esposa embarazada durante la pandemia, encuentra consuelo en su perro Jasper y su trabajo reparando un avión Cessna oxidado. Bangley, más cínico y preparado para el apocalipsis, se mantiene armado y aislado, confiando en gran medida en su rifle y café. Su dinámica es una de camaradería cautelosa, construida sobre el respeto mutuo pero sin una conexión emocional profunda. Higally ocasionalmente se aventura en las ruinas cercanas para buscar suministros para él y una comunidad menonita cercana, mientras que Bangley prefiere la seguridad de su posición fortificada.
La narrativa toma un giro dramático cuando Hig decide explorar una ciudad distante, con la esperanza de encontrar nuevos recursos o signos de civilización. Su viaje lo lleva a través de un terreno traicionero y encuentros con otros sobrevivientes, incluido Pops, un ex militar interpretado por Guy Pearce, y su hija Cima, interpretada por Margaret Qualley. Estas interacciones introducen nuevas tensiones y desafíos, lo que obliga a Hig a enfrentar sus propias limitaciones y temores. La segunda mitad de la película difiere significativamente de su tono anterior, introduciendo elementos que algunos espectadores encontraron incongruentes o inconsistentes con el estado de ánimo establecido.
A pesar de este cambio, la capacidad de Scott para crear mundos visualmente convincentes sigue impresionando, con escenas que permanecen en la memoria mucho después de los créditos. Ridley Scott, ahora de casi 89 años, aporta décadas de experiencia al proyecto, aprovechando su larga carrera en ciencia ficción y narrativas distópicas. Sus trabajos anteriores, como Blade Runner y Alien, son conocidos por su meticulosa atención al detalle y la profundidad atmosférica.
Las fortalezas de la película se encuentran en su entorno inmersivo y las actuaciones matizadas de su elenco, particularmente Elordi y Brolin, cuyas interpretaciones capturan la desesperación tranquila y la resiliencia de sus personajes. Los críticos han notado que las secciones posteriores de la película se sienten algo desconectadas de su tono inicial, lo que lleva a críticas mixtas. Algunos argumentan que la narrativa pierde el enfoque, mientras que otros aprecian la audacia de sus elecciones estilísticas. Sin embargo, la película conserva un cierto encanto, en gran medida debido al continuo dominio de Scott de la construcción del mundo y su capacidad para evocar emociones a través de sutiles señales visuales.
La presencia recurrente de Jasper, el perro leal, sirve como un recordatorio constante de las pequeñas alegrías que pueden surgir incluso en los tiempos más oscuros. Al concluir la película, los espectadores se quedan con una sensación de ambigüedad, ni completamente satisfechos ni completamente desilusionados. El final sugiere que la supervivencia, aunque ganada con esfuerzo, no es necesariamente triunfante. Deja espacio para la interpretación, invitando a la contemplación sobre la naturaleza de la esperanza, la pérdida y la humanidad en un mundo roto.
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