La controvertida ley de amnistía del gobierno español, promulgada bajo el primer ministro Pedro Sánchez, ha suscitado fuertes críticas por socavar el estado de derecho y atacar a los jueces que han procesado a los líderes independentistas catalanes. La ley, aprobada en respuesta a la presión política de los grupos independentistas, fue diseñada para liberar a los condenados por el referéndum de independencia de Cataluña de 2017, conocido como 1-O. Marcó un punto de inflexión en el panorama político de España, ofreciendo alivio legal a los ex funcionarios catalanes y al mismo tiempo señalando un desafío más amplio a la independencia judicial.
El impulso por la amnistía comenzó poco después de la imposición del artículo 155 de la Constitución española a fines de 2017, que suspendió la autonomía de Cataluña tras el referéndum fallido. En ese momento, varios ex asesores del gobierno regional fueron transferidos para comparecer ante el Tribunal Supremo, y Carles Puigdemont, entonces presidente de Cataluña, huyó a Bélgica para evitar el enjuiciamiento. En respuesta, los activistas independentistas comenzaron a exigir amnistía para el derrocado gobierno catalán, con pancartas que aparecían alrededor de Barcelona que decían "Amnistia. Fem-los lliures" (Amnistía. Libéralos) junto a cintas amarillas que simbolizan su nuevo objetivo político.
Esta demanda no era simplemente para liberar a los presos o borrar los cargos en su contra, sino también para lanzar una ofensiva contra el propio poder judicial. Los defensores de la amnistía argumentaron que pondría fin a la persecución percibida de los partidarios de la independencia catalana por parte de los tribunales españoles. Esta postura se convirtió en una parte central de la estrategia política de los partidos independentistas como Junts y ERC, que trataron de aprovechar el tema para influir en la política nacional. A pesar de la resistencia inicial de la oposición, Sánchez finalmente concedió a las demandas, enmarcando la amnistía como un reconocimiento del conflicto histórico entre Cataluña y España.
Sin embargo, esta concesión no resolvió las tensiones subyacentes dentro de su coalición. El gobierno luchó para aprobar presupuestos y enfrentó repetidas crisis en su relación con los aliados independentistas, particularmente Puigdemont, a quien se le había otorgado permiso provisional para regresar a Cataluña después de que el Tribunal Europeo de Justicia aprobara la ley de amnistía. La tensión en torno a la amnistía siguió siendo una característica definidora del segundo mandato de Sánchez. Se convirtió en una justificación tanto para el gobierno como para las fuerzas independentistas para atacar al poder judicial, que se había resistido al movimiento separatista en 2017 y ahora era acusado de perseguir una represión judicial contra Sánchez y sus aliados.
Esta dinámica se extendió más allá de Cataluña, lo que llevó a lo que algunos han llamado el "proceso español", reflejando el anterior catalán. En 2021, el gobierno concedió un indulto a nueve personas condenadas por sedición relacionada con el 1-O, aunque no fueron exoneradas de los cargos de apropiación indebida. Esta medida fue celebrada por las élites catalanas como un gesto de reconciliación, pero el gobierno no llegó a conceder la amnistía completa exigida por Puigdemont y Oriol Junqueras. Este último rechazó explícitamente la idea de un indulto, afirmando: "Pueden metérselo en su trasero", poco después de ser condenados por sedición.
Esta postura se hizo eco por Sánchez durante las elecciones de julio de 2023, hasta que los resultados inesperados cambiaron el cálculo político. La victoria de Junts dio a Puigdemont la oportunidad de formar un nuevo gobierno, alterando la trayectoria del debate de la amnistía. Mientras tanto, la controversia sobre la imparcialidad judicial continuó hirviendo. La Procuraduría General, dirigida por Teresa Peramato, informó a la Comisión Europea de presuntas irregularidades en el juicio de Álvaro García Ortiz, el ex fiscal jefe del estado.
Estas irregularidades incluyeron restricciones a la transparencia y al acceso de los medios de comunicación durante el juicio, que contrastaban fuertemente con la forma en que se manejaron otros casos de alto perfil, incluidos los que involucraban a figuras de la independencia catalana. Peramato destacó las preocupaciones planteadas por expertos legales con respecto al veredicto no unánime contra García Ortiz, señalando que dos jueces discreparon en base a la evidencia insuficiente presentada en su contra. Señaló la exclusión de ciertos testimonios periodísticos que negaron el papel de García Ortiz como fuente, que según ella, el tribunal consideró amenazante.
Además, el anuncio de la condena casi dos semanas antes de la notificación oficial del fallo fue considerado ilógico. Durante el breve período de deliberación, varios jueces supuestamente violaron la confidencialidad al expresar públicamente su apoyo a la condena, planteando dudas sobre la integridad del proceso judicial. El presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, abordó estos temas durante una conferencia en el Colegio de Abogados, alimentando aún más los debates sobre la independencia del poder judicial de España.
★
Mantengamos las noticias honestas.
ObjectiveNews se financia con los lectores y no tiene anuncios: te mostramos el sesgo en lugar de ocultarlo. Apoya el periodismo independiente por 4 €/mes.
Hazte suscriptor