Costa Rica, una vez conocida como un modelo democrático en América Central, se enfrenta actualmente a un aumento en el crimen organizado y la violencia relacionada con las drogas. Con 453 homicidios registrados en los primeros siete meses del año, el país ahora tiene una tasa de homicidios comparable a la de México. Este aumento está vinculado al papel de Costa Rica como punto de tránsito para el tráfico de cocaína desde América del Sur a los Estados Unidos y Europa. El Puerto de Moín, que comenzó a operar en 2019, se ha convertido en un punto focal de actividad criminal, con pandillas que lo utilizan para contrabandear drogas. El gobierno y el poder judicial están en desacuerdo sobre cómo abordar la crisis, con la presidenta Laura Fernández acusando al sistema judicial de no actuar eficazmente contra los delincuentes.
Lectura del sesgo (Centro): El artículo presenta una visión equilibrada de la situación, citando tanto la postura del gobierno como los desafíos que enfrenta el poder judicial.



