El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, alteró sus planes de viaje durante una visita a Turquía en julio después de que la inteligencia sugiriera una amenaza creíble que involucraba un misil portátil, según un informe de CNN que citaba una fuente anónima. La situación llevó al Servicio Secreto a implementar una operación encubierta para mover a Trump de un avión a otro, citando un "riesgo significativo" para su vida si partiera de Ankara después de la cumbre de la OTAN a bordo del Air Force One tradicional o del nuevo avión presidencial proporcionado por Qatar.
Según la fuente anónima, la advertencia fue lo suficientemente detallada como para que los funcionarios de seguridad tomaran en serio la amenaza, particularmente porque los agentes iraníes parecían tener conocimiento específico de los preparativos de Trump en Turquía, Israel e Irán. Los funcionarios militares y de seguridad idearon una estrategia para garantizar que Trump abordara el Air Force One antes de transferirlo discretamente a través de un camión de catering a un avión militar. Luego regresó con el Secretario de Guerra Pete Hegseth y varios asesores. Mientras tanto, el Secretario de Estado Marco Rubio y el Secretario del Tesoro Scott Bessent permanecieron a bordo del avión señuelo, identificado públicamente como AF1 a pesar de no llevar al presidente.
Ambos estaban al tanto del cambio, según reveló CBS News. Los periodistas que acompañaron a Trump durante su viaje a Turquía no estaban al tanto de estos movimientos. Se les instruyó que cubrieran sus ventanas sin darles explicaciones, una ocurrencia rara en tales viajes. Trump había utilizado el nuevo avión presidencial de Catar para su viaje a Ankara.
Agregó que siguió las instrucciones del Servicio Secreto. Esta maniobra tenía similitudes con una operación comparable llevada a cabo en 2000 con el ex presidente Bill Clinton, aunque los miembros de los medios fueron informados de esa operación en tiempo real, un detalle previamente no revelado.
Los protocolos de seguridad para los jefes de estado a menudo implican planes de contingencia para peligros inesperados, incluida la posibilidad de ataques utilizando misiles tierra-aire portátiles. Estos dispositivos, que se pueden transportar y desplegar fácilmente, representan un desafío significativo para la seguridad de los viajes aéreos, particularmente para personas de alto perfil que viajan en aviones comerciales o militares. La revelación de esta operación se produce en medio de discusiones más amplias sobre la efectividad de las medidas de seguridad actuales y los desafíos que enfrentan las agencias de inteligencia para predecir y prevenir tales amenazas.
Mientras que la naturaleza exacta de la inteligencia que condujo a la decisión sigue sin estar clara, el episodio ha reavivado los debates sobre el equilibrio entre la privacidad, la seguridad y la responsabilidad pública en asuntos de defensa nacional. La participación de múltiples funcionarios, incluidos Pete Hegseth y Marco Rubio, agrega capas a la narrativa, ilustrando cómo diferentes ramas de la administración se coordinan durante las crisis. Sus roles y decisiones reflejan la intrincada red de responsabilidades dentro del poder ejecutivo cuando se trata de amenazas potenciales para el liderazgo de la nación.
A medida que continúen las investigaciones sobre el incidente, se espera que surjan más detalles sobre las evaluaciones de inteligencia y la lógica detrás de las opciones operativas.
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